Mamá, ¿cómo organizo la comida de Navidad?

¿Te has hecho el/la valiente y has anunciado que este año te encargas tú del banquete? ¿Te empiezan a temblar las piernas y no sabes con qué empezar a llenar tu nevera? ¿Sientes que vas a perder todos los ahorros del año en el intento? ¡Tranquilidad! En una nueva entrega de nuestras preguntas más socorridas a una madre (ya tuvimos los trucos para conseguir unas croquetas perfectas, una tortilla de patatas que no fuera un mazacote o una paella que hiciese que nos aplaudieran) vamos a tratar uno de los temas más espinosos del mes de diciembre, la dichosa cena o comida de Navidad. Con estos pasos vamos a intentar que no tengas que acudir al tranquimazín o termines en la López Ibor una vez finalizadas las fiestas, que tu cuenta del banco se resienta lo menos posible y que seas el anfitrión perfecto, dejando que todos los que acudan a tu mesa quieran que vuelvas a ser tú el que se encargue el año que viene aunque ya sepas que no volverás a pasar por el aro. Así que vamos al lío…

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Mamá, ¿cómo organizo la comida de Navidad?

1. No dejes la elección del menú para el último momento.

Saber lo que vas a servir es esencial para poder organizarte con tiempo. Planifica un menú con sentido intentando equilibrar los costes y la dificultad de elaboración de las preparaciones. Elige cosas que se puedan quedar hechas para darles un calentón final justo antes del momento de la comida y cuenta siempre con unos cuantos aperitivos fríos por si tus invitados tienen que esperar un poco más de lo normal y no quieres que se lancen a por tus huesos. Unos cuantos entrantes, alguna ensalada, algún caldito/crema/sopa y un principal serán la base de tu éxito y, si alguien quiere colaborar, cédele la parte del postre; de él siempre podréis prescindir contando con algún turrón y mazapán si vuestro invitado la lía.

2. No te compliques la vida

Parece que cuando queremos hacer una comida a lo grande empezamos a pensar en platos chulos que hemos visto en los blogs de moda o en alguna revista. No te líes. Lo que importa es que esté rico y no de mucha lata porque estar encerrado en la cocina mientras los demás comen puede convertir tu Navidad en una pesadilla. Apuesta por platos sencillos y humildes, si te decides por una crema déjala hecha previamente para sólo calentarla y servirla, aquí podrás poner algún topping que ya tengas también preparado y es algo muy sencillo.

Aprovecha el horno, puede resultar tu mejor aliado porque mientras que funciona tú puedes estar con la copa de champán en la mano disfrutando de los aperitivos como el resto de la gente. Aquí ya deja volar tu imaginación, desde una pularda rellena a un solomillo wellington, un besugo al horno o un roast beef y, si queréis ajustar más el precio todavía, un conejo en salsa o un pollo normal relleno de manzana y frutos secos, una buena salsa y estará de rechupete.

3. No hagas colas de última hora, encarga todo.

Cuando ya tengas claro el menú, lánzate a tu mercado de confianza y encarga toda la materia prima, hasta unos comunes mejillones. Así te aseguras que, número uno, no te vayas a quedar sin ello y, número dos, que ya lo vas a tener todo perfectamente listo y preparado para simplemente ir a recogerlo en la fecha seleccionada. Si te decides por el pescado, no olvides que en las pescaderías te lo limpian perfectamente y te lo preparan para lo que tú mandes así que aprovéchate y deja bien claro para qué quieres cada cosa; incluso en las pollerías pueden deshuesarte tus aves para que sólo tengas que rellenar.

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4. Apuesta por el producto de temporada y hazte colega del congelador

Todos sabemos que la locura inflacionaria se dispara a medida que nos acercamos al día D. Si el paquete de mantequilla costaba en octubre 1€, olvídate, que el 20 de diciembre querrán sajarte 2,5€ por la misma grasita amarillenta. Así que todo lo que te quepa en la despensa cómpralo con tiempo pero ten en cuenta que otro punto a tu favor será crear un menú de temporada, con productos que se encuentren por doquier en las fechas. Este mes es muy de alcachofas (¿qué te parece rellenar unas de marisco?), coles de todo tipo (coliflor, coles de bruselas, lombarda, brócoli, repollo), aguacates, remolacha, cardo, habas, chirimoyas, castañas (¿una mousse de turrón y castaña?), peras y mandarinas si nos centramos en la faz de la frutería. En la pescadería, en cambio, podréis encontrar buenos berberechos, almejas, besugo, bacalao, dorada, lubina, mero, percebe y vieira; en la carnicería todo lo usual, así que sin miedo.

Lo bueno es que a todo esto podéis sumar que el congelador tiene que ser vuestro aliado. La calidad no se ve comprometida si bajáis unos grados las carnes – los pescados suelen sufrir más aunque si el periodo en la máquina es corto y tenéis cuidado al descongelar todo irá bien – y las conserváis unas semanas siempre que las filméis bien y estén bien protegidas así que no dudéis en hacerlo y en jugar bien al tetris, será vuestro secreto mejor guardado.

5. El menú es único.

Volvemos al punto número dos: no te líes. No te preocupes por los hijos de tu hermana ni por el cuñado vegano, esto no es un restaurante. La comida es la que hay y a quien no le guste, que se hubiera traído lo suyo de casa. El primer error para que los más pequeños tengan manías en la mesa es hacerles comida especial; los niños son niños, pero no son tontos. O si no pregúntale a mi madre lo bien que comía yo esos sandwichitos de foie o de brie con higos secos que me mandaba al colegio. ¡Ais, qué pija era, así he salido!

De todas formas, avisa a tus comensales de lo que vas a cocinar, por si hay algo que no les gusta para que vayan preparados. Como normalmente el picoteo es fastuoso, no habrá problema si a alguien no le gusta algo en concreto. Créeme, no van a salir con hambre, de eso doy fe. Pero no te vuelvas loco y hagas la compra en ChinaTown, los ingredientes exóticos están bien pero con mesura, si quisieran comer Pato Laqueado ya habrían reservado en el chino “Estrellas” más glamuroso del barrio.

6. No quieras engordar a tus invitados

Nos conocemos, no te vas a conformar con un poco de fiambre y un par de platos. A lo tonto te vas a liar la manta a la cabeza y vas a pegeñar cien platillos para que tu mesa quede lo más repleta posible pero ándate con cuidado porque al tercer día que vuelvan las sobras del día de nochebuena a tu mesa tu pareja te va a odiar y tú vas a resignarte con la pieza de fruta más cercana que tengas. Las mesas abarrotadas con ese horror vacui que nos amenaza en navidades están pasadas de moda. Aún así, que os conozco, tened un bote de omeprazol cerquita; y buscad la oferta del 2015 del gimnasio más cercano.

7. Coordina el resto de las comidas navideñas

Sí, te ha tocado organizar una pero si tienes una de esas familias erótico festivas que celebran hasta los santos me juego el pescuezo a que no te librarás de  la trayectoria nochebuena-Navidad-nochevieja-año nuevo-Reyes, con sus correspondientes comilonas. Así que habla con tu tía, tu madre, el restaurante que hayas reservado o el vecino de al lado para intentar no tener que comer capón relleno en cada uno de los eventos; vale que queráis hacer un ránking de quién lo hace mejor pero la segunda vez que te toque repetir ya verás que no te hace ni pizca de gracia.

8. Confía en los buenos preparados

¡No tengas vergüenza! Todos tenemos ese lugar recóndito y secreto en el que venden esa ensaladilla que sabe a la de tu madre, o un fiambre de carne que le haría la competencia al de tu abuela. No hay postre más sensacional que los pasteles de tu confitería favorita y la cola de templos del turrón como Casa Mira en Madrid siempre son recompensadas cuando sientes que te estás metiendo un bocado de gloria en la boca y que la única preparación que ha llevado ha sido abrir el paquete.

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9. Conviértete en coctelero por un día

A nadie le amarga un dulce, y mucho menos si es en copa de aperitivo para amenizar la velada. Además de tener en la recámara algunas botellas de vino, refrigerios distintos y agua a mansalva opta por dejar preparado algún combinado que entre solito y haga que tus compis empiecen ya la cata contentillos, así los posibles pequeños errores quedarán enmascarados y la diversión será a raudales.

10. Destierra la vajilla clásica, el “usar y tirar” mola.

Levantarse a la mañana siguiente y encontrar la cocina empantanada y una torre de platos encima del fregadero puede ser igual que caminar por el infiero. Hoy en día existen platos de usar y tirar bien baratos y la mar de vistosos que van a simplificaros muchísimo la vida porque sólo tendréis que lanzarlos a la basura una vez terminado el festín. Si lo único que tenéis que lavar son las copas y los cubiertos y los pocos cacharros que os queden por ahí, todo se resumirá muy mucho. Los vasos de refresco también podrán ser de plasticorrio del bueno.

11. Disfruta. Diviértete y no dejes pasar el momento siendo un observador.

Los años pasan, la vida sigue, personas nuevas entran y otras se van pero esa gente con la que vas a compartir tu comida es la que se queda en ese momento, la que importa de verdad. No pierdas la cabeza en los fogones y dejes que el momento pase delante de ti; siéntate, disfruta, habla con los tuyos, pregúntales cómo les va la vida y cuéntales qué faena te hicieron la última vez en el curro. Observa. Ríete. Sé feliz. Ya habrá otros momentos para demostrar quién es el más cocinillas de la familia. Vive.

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