Fusionándonos. O las maravillas de Madrid Fusión.

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Subyugados por una arrolladora tendencia nipona y expectantes de lo que ocurre en los países emergentes – gastronómicamente – latinoamericanos, liderados por la revolución de Gastón Acurio a la que luego se le unirían otros nombres relevantes como Alex Atala o Enrique Olvera, los cocineros españoles se encuentran claramente en la cresta de la ola, en esa élite mundial marcada fuertemente por la huella del maestro Ferrán Adrià.

Esa semilla plantada hace ya más de treinta años es lo que ahora queda en manos de las nuevas generaciones que van formándose alrededor de centros de prestigio como el Basque Culinary Center y que luego pasar a formar parte de ese círculo gastronómico cuyo movimiento se hace ver en congregaciones como Madrid Fusión, que empieza este lunes en el recinto de Campo de las Naciones en Madrid.

Es el momento de la capital, los cocineros precalientan en Fitur mientras los bares y restaurantes más de moda se llenan hasta la bandera; vienen los amigos de fuera, cierran sus respectivos restaurantes con motivo de la reunión y quieren aprovechar sus pocos días libres par probar qué se está cociendo en Madrid.

Visto así parece casi una fiesta. Una fiesta por todo lo alto. Alguno dará alguna clase magistral, otros estarán en el stand de su Comunidad o del producto que le patrocine, habrá catas, concursos y nuevos productos intentarán colocarse en las cocinas de la mayoría; la diversión está asegurada.

No tengo todavía muy claro hasta qué punto este tipo de ferias ayudan a promover la excelencia de un sector en el que, con tanta globalización, cada vez impera más lo que se ve en los demás que lo que sale de la cabeza de uno. “Imaginación no es copiar”, ya nos lo dijo Adriá en una de sus conferencias, y yo añado que la imaginación es la mayor herramienta de libertad. Leamos, compartamos, probemos, comamos, veamos, charlemos, discutamos, intercambiemos, paremos, reflexionemos, observemos y sí, también, promocionémonos dando charlas en un Congreso pero recordemos siempre que la información, la de verdad, nunca puede ser marketing.

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