Una mirada al 2016, con sus desilusiones…

Mole- Pujol

Mole normal y Mole madre – Plato final del menú – Pujol (México DF)

 

Cada vez que un año se termina todos corremos a recapitular, echar la vista atrás y reflexionar sobre lo que ha pasado y sobre lo que hemos vivido. Inevitablemente, nos acordamos siempre más de lo cercano que del lejano enero, cuyo frío ya sólo recordamos por ser lo que ahora mismo nos cala hasta el esternón mientras que luchamos contra él a base de caldos mágicos y guisos contundentes con sabor a mamá. Por eso mismo me gusta tener una bitácora actualizada en la que voy volcando mi día a día aunque sea sólo con fotografías y algunos apuntes vagos que luego me sirven para rememorar lo que probé, viví y disfruté. De esta manera puedo hacer el recuento y este año he pasado por nada más y nada menos que por la escalofriante cifra de 330 establecimientos de todo tipo y para todo tipo de público: pastelerías, coctelerías, casas de comida, restaurantes Michelín, neobistrots o cualquier cosa relacionada con el mundo de la gastronomía que se les ocurra.

“Admirar el progreso de la gastronomía, disfrutar cada plato, sea lo que sea, desde un humilde guiso de patatas hasta la más elaborada preparación es sin duda algo que puede convertirse en magia.”

He tenido la suerte de viajar tanto por España como por el resto del mundo, de comer asiático en Vietnam, peruano en Lima, mexicano en el DF y un batiburrillo de todo en esos establecimientos fusión que se aprovechan de la globalización para hacernos llegar los sabores más lejanos. Quizás me podrán llamar coleccionista de restaurantes y no se equivoquen pero les voy a decir la verdad: soy coleccionista de experiencias. La gastronomía me llena y me hace feliz, me motiva y me inquieta, hace que esa voraz pasión de aprender siempre más me lleve de un lado para otro con ganas de conocer cosas nuevas, de averiguar cocciones distintas, catar combinaciones rompedoras y vislumbrar talentos que hagan que con un solo bocado pueda tocar las nubes.

Yacón Quemado - Central

Yacón Quemado – literalmente – en Central (Lima)

 

Cada vez que entro por la puerta de un restaurante lo hago pensando que mi tiempo allí va a suponer sólo cosas bonitas y que voy a salir con una sonrisa de oreja a oreja pensando en lo que me gustaría hacer una próxima visita y en lo mucho que me gusta saber que he encontrado un lugar que recomendar sin tapujos ni remilgos. Esa creo que es la cúspide de todo aquel que le guste comer y disfrutar comiendo, el dejarse llevar y caer en una relajación placentera donde los sabores te trasladan a otro lugar. Lo cierto es que no es siempre fácil que esto suceda y lamentablemente las expectativas juegan malas pasadas cuando se lee mucho sobre el sitio que se va a visitar o cuando las estrellas o las listas determinan cuánto tiene que gustarte un lugar, siempre acorde al precio que vas a pagar por él, claro está.

Puntualizando que nunca se le puede encantar a todo el mundo – y el cocinero que lo pretenda está equivocado – este 2016 que se nos escapa me deja con un sabor agridulce en la boca referente a tres visitas que, estando en los “top” mundiales, me han supuesto una gran tristeza y un fuerte sentimiento de incomprensión con el mundo gastronómico. Por favor, no me entiendan mal, estoy convencida de que Central (Lima), Mugaritz (Errentería, País Vasco) y Pujol (México DF) merecen con creces ocupar los puestos que ocupan en listas como la The50Best y recibir las loas de los profesionales en la materia pero mi paso por este trío se saldó con un desaliento importante que creo impensable en lugares donde el ticket medio es un auténtico lujo.

Foie - Dani García

Dado de Foie con Reducción de PX – Dani García (Marbella)

 

Dentro del panorama nacional, sin irnos al top mundial, podría resaltar mi vivencia Mina, que tras mucho desear conocerlo y sentarme en su barra a disfrutarlo me dejó completamente fría tanto porque no hubo ningún plato que convenciese pero sobretodo por el trato desagradable que mi acompañante y yo recibimos, o El Ermitaño, en Benavente, donde tras encontrar cocochas duras, albóndigas de cordero crudas o láminas de setas inmasticables y que el cocinero lo justifique diciendo que es su intención ya no hay nada que pueda comentar al respecto. Y con todo mi dolor no puedo no meter en este saco a Dani García, donde no comprendí ni un ápice de su copioso menú al que tantas ganas tenía desde hace tiempo, ¿qué sentido tiene un macaron de lamprea en pleno junio en Marbella? Seré yo, no entenderé lo suficiente para saber valorarles o no tendré la vara de medir bien equilibrada y por eso le pido a este 2017 que entra que me aporte luz en el camino, yo lo seguiré recorriendo en busca de continuar sonriendo con bocados memorables, de los que les prometo hablar la semana que viene.

Deja un comentario

Tu correo electrónico no será publicado.


*