Casa Solla, rock gallego

Hace unas semanas visitaba el diáfano, luminoso y verdaderamente agradable comedor de Casa Solla, uno de los restaurantes gallegos que tenía desde hace tiempo más ganas de conocer. Era un soleado mediodía de jueves y en sus amplias mesas de madera sin mantel – como manda la corriente moderna de los últimos años en este tipo de restaurantes – nos dejamos llevar por el que llaman “Gran Menú Solla”, 22 bocados de la cocina de Pepe Solla a 112€. Además de este menú cuentan con uno más breve a 85€ y una selección de platos a la carta. El menú, en líneas generales, es altamente disfrutable y notablemente estético, con preparaciones que se acercan a Galicia y que se agradecen y muchos toques internacionales sobre todo en los primeros lances donde aparecen aguachilies, tacos, currys, makis….

Aperitivos Casa Solla

Lo cierto es que el equipo de Pepe Solla – que ese día no estaba presente – nos hizo sentir en paz y como en casa, tremendamente a gusto, y aunque pueda parecer que un menú de 22 pases sea excesivo salimos con una liviandad notoria que se agradece, y mucho, tras estas experiencias. Si algo no entendí en la comida sería probablemente el por qué de tener que empezar una comida discutiendo, pues sólo ofrecen un bocado de una esfera de bloody mary que el camarero incita a los comensales a pelear por ella sin ninguna otra razón que “hacer la gracia”. Después llegaron las falsas aceitunas negras (me parecieron ser queso), los crujientes de caldo de carne (para mi gusto con un pelín de sabor a rancio) y unos deliciosos y frescos taco de nabo y pescado y el tartar de pepino sobre hoja de limonero. Tras ellos, una buena mantequilla de algas para untar en una costra de sésamo, un mochi de marisco que en mi opinión ganaría si se mejorase su textura y adquiriese mayor sabor a marisco y un makipan con un espléndido mejillón en escabeche encima.

“La cocina de Solla es una cocina basada en el producto gallego pero con notables influencias extranjeras en muchos de sus platos. La sala, tremendamente espaciosa y agradable hace que la velada transcurra con una paz absoluta”

Lo primero que llegó a la mesa fue un breve aguachile de vieira laminada con maracuyá y mango, ligeramente ácido, refrescante, genial para comenzar. Encabezando este post aparecen las fotos de los platos que siguieron a los snacks, ambos preciosos y realmente ricos. El primero fueron unos camarones con oreja de cerdo y algas y el segundo un puñado de maravillosos guisantes de temporada con su jugo y un perfecto de textura ñoqui de queso.

Espárrago Blanco, queso y yema de huevo - Casa Solla

Espárrago Blanco, queso y yema de huevo – Casa Solla

Me encantó también el plato blanco de Espárragos blancos con queso y yema de huevo. Unos espárragos en su punto perfecto de cocción cohesionados por la yema de huevo y realzados por los crujientes y el queso. Deliciosos.  En el falso arroz de choco thai, con una textura también muy lograda y untuosa, afloraban esas lineas de coco y los puntos del sudeste asiático.

Falso arroz de choco Thai

Falso arroz de choco Thai

El pulpo apareció con una reinvención del clásico pulpo a feira, formado por dos pases diferentes: por una parte un minúsculo trozo de pulpo acompañado de una crema de pimiento de padrón y por otra una oblea que pretendía recordar a los mismos sabores que el pulpo a feira.

Pulpo a feira - Casa Solla

Pulpo a feira – Casa Solla

Me enamoró el escacho con patatas de su caldeirada. Este pescado – también conocido como Rubio – que no suele ser frecuente en este tipo de menús llegó impoluto e inmaculado, con un punto de cocción absolutamente preciso y lleno de sabor y jugosidad. Lo acompañaban unas patatitas mini en caldeirada de las que podría haberme comido tranquilamente medio kilo más.

Escacho con patatas de su caldeirada - Casa Solla

Escacho con patatas de su caldeirada – Casa Solla

Tras el pescado, rompimos la línea normal para adentrarnos en un plato vegetal como son los tomates y su jugo acidulado-picante, dos bocados deliciosos que llegaron cuando ya casi pensábamos que íbamos a pasar a las carnes; un juego inteligente y diferente que con su “punch” ayudó a resetear y seguir disfrutando.

Tomates con su jugo acidulado-picante

Tomates con su jugo acidulado-picante

No entendí, en cambio, el plato de pollo marinado (de textura cruda por completo) con espuma de almendras y pamplinas. Un mini cuenquito de esta preparación que realmente podía haberse omitido en el menú bajo mi punto de vista.

Pollo marinado, espuma de almendras y pamplinas - Casa Solla

Pollo marinado, espuma de almendras y pamplinas – Casa Solla

El bogavante con morro de cerdo, raíz de capuchina y caldo marino supuso un mar y montaña suculento además de visualmente precioso. El punto de cocción del bicho y ese jugo en el fondo que estaba para mojar el buen pan que en esta casa sirven eran de nota.

Bogavante, morro de cerdo, raíz de capuchina y caldo marino - Casa Solla

Bogavante, morro de cerdo, raíz de capuchina y caldo marino – Casa Solla

Terminamos la parte salada como tal con la ya clásica de esta casa filloa de raxo adobado y ahumado, una “crepe” con puntos de guacamole y chile serrano con la tiernísima y estupenda carne encima, para enrollar y comer con la mano.

Filloa de raxo - Casa Solla

Filloa de raxo – Casa Solla

Antes de los postres, no pudimos resistirnos a ese carro de quesos que ya habíamos visto pasear por la sala entre algunas mesas. Entre ellos probamos un queso del país de vaca de Orense, un irlandés también de vaca llamado Durrus, un tres leches de Castilla y León similar al Gamoneu llamado Castro Castillo, de la quesería Cantagrullas uno de oveja realmente rico, un azul gallego elaborado con vacas Jersey, un catalán de oveja y para terminar el delicioso Granadilla de Extramadura, un queso de cabra. Los acompañaron de unas ricas confituras de higo y de membrillo.

Carro de quesos - Casa Solla

Carro de quesos – Casa Solla

La parte dulce – de notable cantidad – estuvo compuesta por dos prepostres, dos postres y una selección de petit fours. Empezó con unas nubes de fruta de la pasión y unas perlas de melón y un fresquísimo cuenquito de melón, yogur, queso y jugo acidulado, casi como un ceviche frío. Los de más peso, fueron el postre de nísperos, sauco y amontillado y el de chocolate con coco y curry, ambos en una línea de dulce muy ligera que no empalagaba y hacía que la comida terminase muy bien.

Postres - Casa Solla

Postres – Casa Solla

Con servicio de pan incluido en el menú (qué alegría, no entiendo esos menús en los que se cobra este detalle aparte) y buen café y agua sin cargo, bebiendo dos refrescos, una cerveza y una copa de vino, la factura ascendió a 118,5€ por persona, un ticket que dada la cantidad de pases, el cuidado, el servicio y toda la experiencia global me parece excelente. En mi próxima visita (que espero que sea pronto), me plantearé si optar por los platos a la carta pues por preferencias propias creo que disfrutaré más; Pepe Solla puede presumir de tener gran producto y de saber manejar la técnica realmente bien, sólo por una ración más grande de ese escacho…. ¿Podría sacrificar un menú degustación? Si lo tuviese cerca, iría asiduamente a por alguno de esos platos más tradicionales, sin duda.

CASA SOLLA

Avenida de Sineiro, 7

San Salvador de Poio – Pontevedra

986 87 28 84

Deja un comentario

Tu correo electrónico no será publicado.


*