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Tortilla de patata y calabacin

Tengo que reconocer que soy fan total de la tortilla de patata; me apasiona comerla en cualquier momento del día ya sea en un desayuno bien temprano como en una cena tardía. Lo cierto es que allá por donde voy me lanzo a probarla esperando encontrarme ese pincho que me revuelva el alma – lo mismo me pasa con las croquetas y con la ensaladilla rusa – pero para mi

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Mamá, ¿cómo consigo la paella perfecta?

Atención navegantes, antes de que nadie me eche a los leones, que quede claro-clarísimo que una ni es valenciana ni tiene raíces en esa tierra pero tras mucho estudiar el tema y consabida toda la polémica detrás de él me lanzo al vacío esperando que dichos felinos sólo sean tímidos gatitos, así que sed benevolentes conmigo. Después de hits blogueros como “Mamá, ¿por qué mis croquetas son como balines?“, “Mamá,

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Mamá, ¿Cómo consigo un risotto que no sea un cemento?

Después de Mamá, ¿por qué mi tortilla de patata es una piedra? y de Mamá, ¿por qué mis croquetas son como balines? sigo insistiendo:  tranquilo, no estás solo, no eres el único que se ha estrellado en la cocina Dios mediante lo que iba a ser un buen arrocito. Todos nos hemos topado alguna vez con la guerra del almidón y el punto de cocción, esa lucha que ha dado

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Alcachofas fritas y confitadas y El Mesón de Doña Filo (Colmenar del Arroyo, Madrid)

Estamos en plena temporada de alcachofa y, ya sea Tudelana o del mismísimo Benicarló, he de reconocer que es uno de mis vegetales favoritos siempre que sea fresca (o en algunos casos congelada) pero no logro tragarla si es la alimonada y vinagrera embotada. En casa las hacemos de distintas formas: con bechamel y gambas, fritas, hervidas, rellenas y las clásicas salteadas con jamón ibérico; pero el otro día comiendo

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Mamá, ¿Por qué mis croquetas son como balines?: 7 razones

Tras el éxito de: “Mamá, ¿Por qué mi tortilla de patata es una piedra?“ hoy vengo a la carga con las mismas cuestiones referidas a nuestras queridas croquetas, esas pobres recordadas de mala manera en la mayoría de los aperitivos de bares, tascas y restaurantes. Las he visto de todas las maneras posibles: desde unas riquísimas de compango en Casa Gerardo o las de rabo de vaca vieja en Suculent,

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