Comer sano es posible aunque acostumbremos a comer en restaurantes.
Si estamos siguiendo una dieta sana y equilibrada sugiero no dejar de salir ni de pasarlo bien, sino de saber encontrar los platos más buenos y sabrosos sin que sean obligatoriamente los que tengan más aporte calórico.
En este caso he escogido un restaurante que me encanta y es de gran solera en la Ciudad Condal. El Bar Mut es una taberna de nueva generación que nos transporta a la más clásica de las tradiciones, gracias a su decoración de anticuario cuidadosamente escogida, para lograr parecer una de las auténticas xampanyerias de antaño
Desde su nombre ya intuímos el espíritu jocoso del local, ya que es un juego de palabras evocativo de uno de los aperitivos estrella que podemos encontrar en el mismo, el vermut, de allí Bar Mut (fonéticamente la palabra suena igual pronunciada en catalán).
Este lugar de ensueño cercano al paseo de Gracia (situado en la calle Pau Claris 192) fue abierto en 1929 y se le aplicó una reforma a modo de cirugía estética reconstructiva en los últimos años).
En este bar a medio camino entre un bistrot parisino y una taberna castellana, resulta muy acogedor aunque el espacio sea limitado, las mesas pequeñas y la mayoría de asientos sean para comer en la barra con taburetes. He estado unas cuantas veces por qué me gusta el estilo de su cocina, aunque reconozco que el servicio no es de los más amables.
Documentándome sobre el bar con más detalles me he topado con un artículo publicado en El País que me ha parecido interesante, por lo que paso a trascribiros un fragmento:
Y me gusta el Bar Mut porque es un bar que te transporta a una ciudad sin nombre, quizá a ese París imaginario -el tuyo o el mío-, por la sensación de que sentado en sus entrañas la calle se ve como un decorado por el que pasean gentes dispuestas a dejarse fotografiar por Doisneau a cambio de un beso. Placer visual, besos robados de cine mudo, a los que, desde dentro del local, se los endulza con una gustosa oferta de platillos gastronómicos bien diseñados. Huevos fritos con muchas novias, risottos perfumados, ensaladas para los que no le gustan las dietas, marisco, navajas, chirlas frescas, una selección de charcutería que regala a las bestias la posibilidad de una segunda vida o la ración del día acorde con la bondad del mercado. Toda persona que decida ir al Bar Mut encontrará el plato y el vino que desee. Más de 200 marcas de vinos reposan armados en los estantes de las paredes. Aunque tengo un amigo que no se deja avasallar por ese enorme sepulcro vitícola. Él prefiere la cerveza porque dice que en el Bar Mut, la rubia la tiran como en los mejores bares de Madrid.
L’arbre de la vida (el árbol de la vida en catalán) es una herboristería de toda la vida, situada en el barrio del Eixample Izquierdo y que brilla por su discrección y su variedad de todo tipo de productos naturales, ecológicos y un servicio personalizado.
Incluso el aroma a hierbas secas que emana el establecimiento en cuanto cruzas su umbral nos hace sentir más sanos en cuanto entramos, es un sitio mágico de los que quedan muy pocos: una pequeña tienda de barrio que lleva toda la vida vendiendo estos productos que tanto se han puesto de moda en la actualidad gracias a establecimientos comerciales más populares como Veritas u otras cadenas de supermercados ecológicos.
En este pequeña pero surtida tienda encontramos todo tipo de productos como hierbas, especias, infusiones, platos precocinados a base de tofu, frutas y verduras, suplementos alimenticios o alternativas para intolerantes a la lactosa o celíacos y todos los productos propios de este estilo de tiendas.
Para saber un poco más de la profesión original del herborista, que se ha desvirtualizado en los grandes supermercados en los que no hay más que dependientes.
Un herborista es un profesional del herborismo, es decir del uso de hierbas. Su trabajo consiste en la recolección y manipulación de plantas con propiedades medicinales para utilizarlas de forma terapéutica y para comercializarlas en sus establecimientos.
Hay diferentes conceptos de esta profesión, por ejemplo, en China, según su cultura y tradiciones un herborista es una persona capacitada para hacer prescripciones herboristas. De la misma manera, un herborista ayurvédico es el profesional capacitado para hacer prescripciones según la tradición ayurvédica.
Por consiguiente, la educación de los herboristas varía considerablemente en las diferentes partes del mundo. Los hay titulados y no titulados, algunos son sanadores indígenas que confían en el aprendizaje y reconocimiento de sus comunidades en lugar de la escolarización ortodoxa.
En algunos países existe un estándar de capacitación y educación mínima formalizada requerida, aunque éstos no son necesariamente uniformes dentro y entre países. Los niveles de cualificación van desde la diplomatura hasta el grado de doctorado, con un nivel de diplomatura avanzada regulado de alguna forma por la sanidad nacional.
Los herboristas se pueden dedicar a la recolección de hierbas silvestres o a su cultivo, así como a la diagnosis y tratamiento de afecciones o la prescripción de medicinas herboristas. La mayoría de las tradiciones herboristas dependen del análisis físico de la persona, se trata al paciente en lugar de la enfermedad. En otros casos se limitan a aconsejar al cliente como responsables de ventas y asesores expertos en sus establecimientos.
Lo importante de esta profesión es que va más allá del simple trabajo de comercial, es una implicación en un estilo de vida más sano y natural.
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