Reflexiones culinarias sobre… El Oro en la Gastronomía

Hace ya algunos años que el oro ya no es solo un complemento para ornamentar manos, muñecas, cuellos u orejas, ya que la tendencia en alza desde algunos años es ingerir este metal en su forma comestible.

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Ya sea para añadir valor a platos o bebidas, como para simple ostentación, muchas firmas relacionadas con la gastronomía y la alimentación han adherido a la moda de añadir oro (y en algunos casos plata) a sus productos, desde sales a oro soluble para salsas o decoraciones (como en el caso de los Panes Creativos que decoran sus panecillos multisabor con estos metales), a cavas o vodkas que resplandecen en tonos dorados para añadir glamour a nuestras comidas y bebidas.

Según se mire este valor añadido aparente se puede quedar en simple ostentación de “nuevos ricos” para los que el precio prevalece ante la calidad resultando una práctica frívola y superficial de quien solo quiere aparentar su poderío socio económico, aunque en su justa medida, sobre todo a nivel psicológico estar comiendo oro puro es un lujo que muchos aprecian sinceramente.

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En la polémica sobre el ingerir metales siempre aparece el tema de la salud, aunque todas las firmas que comercializan este tipo de producto hacen hincapié en que es totalmente sano y compatible con la alimentación del ser humano, aunque históricamente desde el antiguo Egipto se fabricaban panes de forma cónica que contenían oro en polvo y a los que se les otorgaba un importante significado religioso. En la cultura hebrea encontramos en documentos como la Biblia la existencia de una especie de pan llamado maná, al parecer herencia de los egipcios al pueblo de Israel. Cuenta la historia que el maná fue confeccionado en una ocasión por un herrero, siguiendo las instrucciones de Moisés. El pan era fabricado con oro triturado en un mortero y reducido a polvo.

Ese metal fue codiciado en todas partes, pero lo fue aún más en el Lejano Oriente en donde además de usarlo como moneda se le empleaba como medicina y alimento, para tal efecto el brillante metal era espolvoreado sobre las viandas, tanto en China como en la India era célebre una sustancia llamada soma, elixir de la vida, chi o prana, la cual se decía que estaba elaborada con polvo de oro y a la que se le adjudicaban propiedades mágicas. También muchos monjes taoístas consagraron todas sus energías para lograr fabricar oro comestible con el objetivo de alcanzar la inmortalidad y un alquimista chino escribió un documento sobre el cual trata el tema de una píldora para la inmortalidad elaborada con un polvo de oro, que ayudaba a los ancianos a rejuvenecer.

Hasta en los banquetes del Medievo y del Renacimiento se caracterizaban por su suntuosidad y por supuesto que entre tanta ostentación no podría faltar el oro, el cual ornaba esculturas hechas a base de mazapán y formaba parte de una extensa variedad de postres.

Actualmente muchos chefs de renombre y galardonados añaden oro a sus platos, como es el caso de Gualtiero Marchesi con su histórico risotto decorado con una fina lámina de oro comestible.  De la misma manera cada vez más cocinillas amateur compran productos como el orogourmet de 22 quilates para deleitar a sus invitados con su creatividad o para añadir seducción durante una cena romántica (ya se sabe que una joya siempre aumenta el valor del pretendiente).

Los brebajes también incluyen este componente, como por ejemplo (y entre otros) el cava Kapricho de Oro o el Vodka Bunny Skull.

Como en todo, en su justa medida es positivo disfrutar de estos pequeños y asequibles lujos, que hacen que nuestros momentos especiales brillen con la luz de una joya.

 

Esta sección retoma los artículos que publico mensualmente en la revista “Infoguia de Sitges y Vilanova”.

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