Este plato lo he probado varias veces pero siempre pensaba que es muy complicado de hacer. Hasta que recurrí a mi madre que lo hace muy bueno y le pregunté cómo lo hacía. Entonces me di cuenta que no es tan difícil. Ya me imagino a mis amigos cuando les haga este delicioso plato de arroz con bogavante. ¡Van a pensar que ya estoy hecho un auténtico chef! pues es una receta muy sofisticada y parece complicada, pero es exquisita. La realidad es que no es como parece. Al final resulta mucho más sencillo y se hace en poco tiempo.
Mi madre me dijo que este plato se puede hacer caldoso o seco, eso a gusto. Personalmente me gusta más caldoso, así que lo haré con más caldo para que quede todavía más a mi gusto. El bogavante lo venden ya limpio para no tener que estar sacando la carne de la cáscara, así que mucho mejor (he de reconocer que soy un poco torpe para eso). Para los que como yo todavía os cueste hacer comidas, creo que este plato no os resultará tan complicado y resultará sorprendente para vuestros invitados. ¿Os paso la receta? ¡Pues tomad nota!
En una cazuela, ya sea de barro o normal, poned el aceite de oliva hasta cubrir el fondo a calentar. Cuando esté caliente, echad el pimiento, la zanahoria y el tomate partidos en varios trozos medianos. Sonfreíd.
Mientras se van haciendo (tienen que estar bien hechos), trocead el bogavante. El cuerpo en rodajas y la cabeza en varias partes a lo largo.
Ahora echad el arroz teniendo en cuenta que por cada taza de arroz hay que poner 3 del caldo. Así quedará caldoso, como a mí me gusta. Si lo queréis más seco, serán 2 tazas de caldo por una de arroz.
Removed un poco y cuando empiece a hervir, añadid la sal, el azafrán, el pimentón y el bogavante.
Todo esto dejadlo hervir unos 10 minutos y luego apagad el fuego y dejadlo reposar un par de minutos hasta que esté completamente hecho.
Todavía me acuerdo lo rico que estaba este potaje cuando lo hacía mi madre en Cuaresma. La verdad es que no nos dejábamos ni las migas, como se suele decir, ya que el potaje de garbanzos con espinacas y bacalao está muy bueno. El otro día pregunté a mi madre cómo lo hace para ponerme manos a la obra aunque he de reconocer que no seguí los mismos pasos.
Para ahorrar tiempo, los garbanzos los compro ya cocidos y envasados, en vez de dejarlos el día anterior en remojo. El bacalao lo compro también ya desalado y me ahorro tiempo. Para las espinacas, hay en el supermercado una opción y es que ya vienen cortadas y lavadas, simplemente para ponerlas a cocer. Menos tiempo que pierdo pelando y cortando.
Parece una receta complicada pero ya veréis que no es así, al menos a mí no me lo parece. Solamente hay que seguir las indicaciones y sale perfecto. Y como los ingredientes ya los compro medio preparados, es más rápida.
Este plato lleva bastantes ingredientes y lo suelo comer como plato único, pero eso ya va en gustos. De postre, ya que estamos en estas fechas, podéis comer unas torrijas o un arroz con leche. ¿A que os apetece este menú?
Qué necesitáis
Medio kilo de garbanzos envasados
2 manojos de espinacas (o dos bolsas ya preparadas)
Picad los ajos y la cebolla finamente por separado.
Cuando el aceite esté caliente, rehogad los ajos.
Cuando hayan cogido un poco de color, añadid la cebolla.
Ponedlo a fuego lento y dejad que vaya cogiendo color. Ahora echad sal y pimienta a gusto y añadid bastante agua.
Cuando el agua empiece a calentarse, es cuando debéis echar los garbanzos que deben quedar cubiertos (así que echad más agua si es necesario). Dejad que empiece a hervir y bajad luego el fuego para que vayan cociendo poco a poco.
Cuando empiece a hervir el agua, echad las espinacas y las colas de bacalao. También un poco de perejil picado (a gusto). Si veis que las espinacas vienen en trozos muy grandes, las podéis cortar si queréis.
Dejad que todo cueza hasta que los garbanzos y las espinacas estén completamente hechos.
Servid en caliente y ¡a disfrutar! ¿A que no ha sido tan complicado?
Siempre me lo recuerda mi abuela: “no hay mejor plato, más bueno y más económico, que el potaje”. Cuánta razón tiene, aunque a mí la verdad es que no me tiene que convencer, porque desde pequeño soy poco menos que un adicto a las lentejas, los garbanzos y las alubias.
Por eso, he decidido probar con mi primer potaje de lentejas con chorizo. Ya sé que lo venden preparado en el supermercado, pero no podía dejar pasar más tiempo sin aprender a hacer uno de mis platos preferidos y, siguiendo los consejos de mi querida abuela: “ningunas lentejas, ni siquiera las de un buen restaurante, están más ricas que las que se preparan en casa”.
Lo mejor de todo es que basta ponerse manos a la obra para descubrir lo fácil que es preparar esta receta. Además, permite una variante, ya que es posible hacerla poniendo la cebolla, el tomate y los ajos crudos al mismo tiempo que las lentejas y el agua. Si se opta por esta alternativa, el resultado es todavía más exquisito.
Aunque la mayor fama es del pulpo, la gastronomía gallega ofrece un sinfín de platos fantásticos y, sobre todo, muy fáciles de preparar. Uno de ellos es el lacón con grelos, exquisito y no muy pesado.
Se trata de un plato perfecto para los días más fríos y además cuenta con la ventaja de que su materia prima es bastante más económica que el pulpo, mi otra debilidad gallega. Además, sirve como plato único y se puede acompañar con una taza de su propio caldo… ¿se puede pedir más?
Solo una advertencia antes de empezar: si se opta por acompañarlo con unos chorizos curados, conviene ponerlos en la olla a media cocción para que estén en su punto. Y ahora sí, comenzamos:
Probablemente pensaréis que ya va siendo hora de que os traiga recetas un poco más elaboradas, pero la verdad es que si hay algo que me encanta es comer bien sin tener que complicarme la vida en la cocina. Así que si hoy estáis esperando un plato con un montón de ingredientes y una elaboración cuidadosa y que os lleve tiempo, esta desde luego no es vuestra receta.
En realidad la receta de hoy es de esas que puede sacarnos de un apuro en cualquier momento, cuando aparece gente en casa que no esperábamos pero que merecen una buena tapao un buen aperitivo mientras nos da conversación.
Se trata de las tostas de gulas y lechuga. Sí, ya sé… seguramente muchos no consideraréis las gulas como pescado, pero en el fondo, aunque es un sucedáneo de lo que son las angulas, si se preparan bien no tienen nada que envidiarlas, así que prestad atención a la receta. Para aquellos que no las hayan probado porque su aspecto no les convence, yo les pediría que se arriesgaran, porque se están perdiendo una auténtica delicatessen.
Así que sin enrollarme más os presento las tostas de gulas para que las disfrutéis a modo de aperitivo un domingo mientras degustáis un buen vino.
Una de las recetas más fáciles del mundo es la que incluye marisco, entre otras cosas porque es suficiente con ponerlos sobre una fuente y esperar a que nuestros invitados se pongan a comer sin tener que cocinar.
Sin embargo, hoy quiero acercaros una receta en la que sí que habrá que hacer algo más que comprarlos, pero de forma muy sencilla.
Se trata de unas tartitas de marisco que os servirán para presentarlas como entrante o primer plato, incluso como aperitivo.
Si os gusta el marisco esta receta es única, porque además de gambas cuenta con chipirones, mejillones, etc.
¡Una auténtica delicia marina! ¿No os apetece probarlo?
Generalmente cuando nos disponemos a comer salmón lo hacemos ahumado, y por regla general en forma de canapés.
Rara es la vez que decidimos hacerlo como primer plato o como segundo. Por eso hoy quiero reivindicar precisamente eso, que el salmón puede convertirse en una comida deliciosa y sencilla de preparar pero que puede aportarnos además de un delicioso sabor, numerosas proteínas y nutrientes necesarios para mantener un estado de salud óptimo.
Así que sin querer aburriros mucho más, os animo a que probéis esta receta de salmón al horno con patatas porque estoy seguro que vuestra idea sobre el salmón cambiará para siempre.
Recordad que para que las recetas de pescado salgan todavía mejor, es necesario explicarle a vuestro pescadero qué es lo que vamos a hacer con ello, de ese modo nos lo preparará para que no tengamos que encontrarnos con espinas en el momento menos indicado.
Cuando escuchamos a alguien hablar de que ha preparado una dorada, generalmente lo ha hecho a la sal, y aunque es cierto que hay que cogerle el punto, esa receta tampoco cuenta con demasiado mérito.
Por eso hoy, para los fanáticos de este tipo de pescado, traigo una receta de lo más curiosa, sencilla y sabrosa, pero sobre todo con un nombre que dejará boquiabiertos a vuestros invitados: la dorada a la tunecina.
¿Exótico verdad? Pues sí, el nombre desde luego lo es, aunque sus ingredientes son de lo más sencillo que podemos encontrar y su preparación muy muy fácil.
Así que no os entretengo más. A continuación os explico la mejor manera de poner en práctica vuestras dotes culinarias (que al igual que las mías, seguro que son pocas, pero por lo menos lo estamos intentando).
¿A quién no le gustan las albóndigas? Seguro que no solamente a los más peques de la casa. Aunque lo que seguramente no habéis pensado es que además de hacerlas con carne, podéis hacerlas con pescado.
La manera perfecta de tomar pescado prácticamente sin darnos cuenta. A los niños les encantarán porque no sabrán que están tomando merluza, rape o cualquier otra variedad de pescado.
La elaboración es muy sencilla, pero además cuenta con la ventaja de ser una de las recetas más nutritivas que podemos encontrar, no solo por las proteínas del pescado, sino por las del huevo con el que rebozaremos las albóndigas.
Así que si os apetece probar una receta de siempre pero hecha de manera mucho más original poneos el delantal y ¡manos a la obra!
Hace algunas semanas estuve de fin de semana rural y, entre aire puro, casa rural y naturaleza, a uno de nuestros amigos le dio por llevarnos a recoger setas. Resulta que estamos en plena temporada de níscalos, y yo sin saberlo (confieso que nunca antes había probado esta experiencia). El caso es que al final fue un día muy divertido y, por si fuera poco, obtuve materia prima de primera calidad para la receta que hoy os presento.
Se trata de un sabroso salteado de setas con bacón ahumado, al que recomiendo añadir una guindilla fresca, picada o en rodajas, si se quiere dotar de un sabor algo más picante. Además, sustituyendo el vinagre por un chorrito de vino blanco y añadiendo crema de leche y nueces picadas obtendremos un salteado ideal para pasta.
Otro de los puntos fuertes de este plato es la mezcla de lechugas, o mezclum, empleando el argot de los cocineros, que no es otra cosa que una mezcla de hierbas silvestres y cultivadas para ensalada. En este caso, el mesclum de lechugas es ideal para elaborar una ensalada tibia, utilizando siempre setas frescas.
Soy Javi, tengo 26 años y me acabo de independizar. Me gusta comer bien pero cocinar era para mí todo un calvario. Sin embargo, gracias a las recetas y consejos de mamá y de mi abuela he sido capaz de desenvolverme en la cocina y de decirle adiós a los espaguetis con tomate y a la comida preparada. Cocinar las recetas que siempre he comido en casa es más fácil de lo que imaginamos. ¡Toma nota!
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