Cada estación trae consigo un mensaje, un hechizo, particular de cómo debemos alimentarnos, cuidarnos honrarnos y respetar nuestros ciclos internos y externos de acuerdo a la naturaleza.
El otoño, luego de un verano tórrido y agitado, nos pide que bajemos los decibeles; ir hacia adentro y me conectarnos con la tierra.
Durante el verano, una de mis formas de conectarme es yendo al mar, o través de actividades al aire libre, en contacto con la naturaleza.
Durante las estaciones de recogimiento, busco instintivamente pasar más tiempo en la cocina, dejándome llevar e inspirar por ingredientes de estación que balanceen mis ritmos y energía, abriguen mi alma y nutran mi cuerpo. (Si todo esto te suena a pura poesía, intenta perderte entre los colores, aromas, especias y texturas de la estación… te fascinarán los resultados.)
No existe receta exclusiva para ello más que escuchar los antojos del cuerpo. (Cuando digo antojos, hablo de los pedidos legítimos de tu cuerpo, no me refiero a lo que no nutra tu cuerpo de manera natural y sana.)
Quererse pasa (también) por ahí, por lo que comes y cómo lo comes.
Todos los años, para esta época, me dan fuertes antojos de comer tubérculos como batatas (papas dulces), papas, zanahorias y nabos.
Muchos pueden argumentar acerca de su alto contenido de azúcares naturales y carbohidratos. A ellos les digo: la fuente de azúcares y carbohidratos proviene de la madre Tierra, no de una fuente artificial (si fueras diabético, consulta con tu médico y consume con mesura); si cocinas los vegetales con su cáscara, consumirás toda su fibra y elevarás la lista de nutrientes.
Recuerda: no mezcles los carbohidratos con grasas y proteínas – digerirás mejor, te sentirás más sano, lleno de energía, y eliminarás toxinas y deshechos con más naturalidad.
Si buscas un snack sano y que te ponga las pilas a media tarde, hornea una mezcla de batatas cortadas, con nabos, zanahorias y papas. Sazónalos con sal y pimienta, agrega romero fresco a gusto y échale encima una generosa cantidad de aceite extra virgen de oliva. Cocina a 375F hasta que hayan perdido la humedad natural, y estén todos doraditos. Si deseas, puedes agregarle un toquecito de nuez moscada y/o canela. Evita usar azúcar porque estos vegetales ya vienen llenos de sus propias azúcares que caramelizarán durante el proceso de cocción.
Como diría mi madre, cuando le preguntaba por cuánto tiempo debería cocinar algo: “Hasta que lo huelas en el aire”. Lo mismo con los tubérculos caramelizados, “hasta que huelas” el aroma dulce del otoño invadir y penetrar las paredes de tu cocina.
Foto: Fernanda Beccaglia
Fernanda Beccaglia es escritora y estilista culinaria, periodista, instructora de yoga, chef holística y coach.
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