Tahona da Herminia, “especialidade en doces hebreos”

pastas hebreas 1

He pasado un fin de semana en Valeixe (Pontevedra), en una casa preciosa que tiene allí mi amiga Susana. Fuimos en plan escapada de chicas y nos dedicamos principalmente a charlar -con las chicas, ya se sabe-, hacer excursiones, zampar, beber, reírnos y pasarlo muy bien. El tiempo acompañó y pudimos comer en el delicioso jardín de la casa que lucía ya los primeros rojizos otoñales, bajo una exuberante camelia. ¿Puede imaginarse entorno más impregnado de sabor gallego?

Como yo no conocía la zona, nuestra anfitriona preparó excursiones y paseos que nos permitieron, disfrutar de las maravillas del paisaje de sitios tan bonitos como Playa América, Bayona o el mismo Valeixe, con sus cercanos parajes a la orilla del Miño.

Tengo buenísimas experiencias culinarias que comentar, pero se me acumula el trabajo y ya los iré subiendo a De Fogones y Hombres, cuando aligere un tanto la carga de trabajo pendiente que se me ha montado después del verano. Si embargo, no quiero dejar pasar más tiempo sin comentar las pastas preparadas con recetas sefardies que realizan en la Tahona de la Herminia, en la judería del espectacular pueblo de Ribadavia, de la comarca del Ribeiro.

Herminia, la artífice de las pastas, es una anciana llena de vitalidad que nos contó que ella tenía una tahona tradicional en una calle del barrio de la judería en Ribadavia. Por lo visto, las autoridades del lugar le sugirieron hace ya algunos años, que desempolvara antiguas recetas de dulces tradicionales hebreos, para ofrecer un aliciente más a los visitantes del barrio. Herminia se puso manos a la obra, con tanto ahínco que en el empeño se han visto involucrados judíos sefardíes de muchas partes del globo y hasta la mismísima Embajada de Israel en España.

Los dulces que Herminia hace siguiendo un rectario tradicional con siglos de antigüedad llevan nueces, dátiles, almendras, semillas de amapola, harina integral,agua de azahar, clavo de olor… Son pastas de formas toscas pero de sabores sencillos y auténticos. Herminia, según nos explicaba, hace las pastas  a ojo, sin pesar ni medir cantidades. Es su buen oficio el que produce unos mostachones deliciosos, unos ricos bocaditos de dátil o unas masiñas de amapolas, por poner nombres que nos suenen; o unos kupferlin, unos kijelej, unos mamul, o unos gorayebah, nombres hebreos que yo desconozco pero que Herminia ha resucitado en el antiguo barrio de la judería, para deleite de propios y extraños en Ribadavia.

La verdad es que un paseo por el centro histórico de Ribadavia no puede quedar sin que nos adentremos en la zona de la judería, pasando por La Tahona de la Herminia y comprar allí un paquetito de pastas surtidas para reponer fuerzas. Un lujazo.

 

 

 

 

 

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