Restaurante Les Cocottes, en París

 

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Desde luego, París no sólo “bien vale una misa”, que dijo el listo de Enrique IV y se quedó con la plaza. París también vale una cena, o una comida, o dos… Este otoño he pasado unos días en París y, aunque el objetivo del viaje no era andar de comilona en comilona, al final, mis buenas intenciones han sido superadas por la evidencia constatada: en la Ciudad de la Luz es casi imposible comer mal.

Cerca del hotel donde estábamos, en el agradable 7ème arrondissement, se encuentra el restaurante Les Cocottes, la nueva apuesta gastronómica de un conocido y galardonado cocinero: Christian Constant. El chef Constant, después de ocuparse como cocinero – jefe de restaurantes tan ilustres y emblemáticos como el del Hotel Crillon o el del Ritz, abrió su primer restaurante en solitario, Le violon d’Ingres en, que cuenta con una estrella Michelin, en1996. En la actualidad la Maison Constant tiene cuatro restaurantes más en los que el equipo de cocina de Christian se desvive para ofrecer la mejor tradición culinaria francesa.

Les Cocottes (135 rue St.Dominique)  está situado justo a dos pasos de su hermano mayor, El Violon d’Ingres y es un verdadero logro de la alta cocina francesa por ofrecer opciones de calidad a precios más competitivos. Es un auténtico next door, en el más literal sentido de las palabras. En Les Cocottes no se permite reservar mesa, con lo que los aspirantes a comensales hacen cola al caer la tarde para, por riguroso turno de llegada, acceder al restaurante para cenar.

El ambiente en la cola es distendido y multicultural: la publicidad que la tele hace a Constant debe llegar a Japón, porque había muchos japoneses que degustaban con devoción las creaciones del lugar.

Para mi gusto el sitio estaba demasiado animado. No lo digo en mal plan, sino todo lo contrario pero, a mí, cuando voy a disfrutar una comida con tanto pedigrí, prefiero hacerlo en un ambiente más reposado y sereno. Serán ya manías de la edad.

El restaurante está decorado con una funcionalidad moderna y elegante y el servicio es rápido y eficaz. Más les vale, porque cada muy poco tiempo llegan nuevos comensales que hay que acomodar, aconsejar, tomar nota, servir…

En cuanto a la comida, que es a lo que íbamos todos los que estábamos allí, debo decir que lo que nosotros tomamos estaba muy rico y cocinado a la perfección. Probamos un fricasé de  conchas de mar y conchas de pasta (almejas, navajas, lapas , mejillones y otros moluscos más que no reconocí), guisados en cocotte, conservando todo su sabor a mar. Tomamos, también en cocotte, un lomo de bacalao en su punto, un emincée de atún, una original entrada fría que era como una “ensaladilla rusa de ricos”, con un gelé y sin patata ni guisantes.

 

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La carta cuenta con diversos platos de consistencia ligera como el original “salmón marinado maison con tartare de ostras” o los más contundentes como el”Tournedos de paleron de boeuf al estilo Rossini“, que tenía un aspecto excepcional. Por no olvidar el ya todo un clásico”chapon fermier relleno de foie gras  y trufas“.

Encontré en Les Cocottes una cocina de categoría, en un entorno divertido y a unos precios no demasiado caro para los estándares parisinos. Merece la pena hacer la cola para conocerlo. Y se me olvidaba: allí se pueden comprar los libros de Constant y un surtido de merchandising del restaurante: una original bolsa de plástico que es un cubo de hielo o unos mantelillos individuales o los delantales convenientemente customizados. Un verdadero negocio.

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