Restaurante Nimú bistró, en el número 31 de la calle Goya

Nimu1Da gusto hacer posts así: la comida que disfruté el otro día en el Restaurante Nimú, fue una experiecia a la que no puedo poner ninguna pega. Hacía tiempo que quería pasar por el recientemente renovado restaurante del Hotel Adler, Nimú Bistró (Goya, 31) Y el restaurante me gustó muchísimo. Aunque a primera vista, la decoración parece un tanto clásica, la verdad es que la reforma ha logrado crear un espacio elegante, amplio y sereno en el que la comida se disfruta con la tranquilidad que merece, sin el molesto ruido que suele acompañar a la mayoría de restaurantes de moda.

En Nimú el servicio es impecable y te atienden rápida y eficazmente. El maître, Luis Méndez, asesora sin agobiar al cliente sobre los platos que, cada día y fuera de carta, pueden probarse.

La carta de Nimú está muy bien pensada para ofrecer un amplio abanico de opciones de platos típicos de la cocina española y madrileña, que puedan apetecer a un cliente de los muchos que, en viaje de turismo, visitan Madrid. Son entrantes como las patatas bravas, las croquetas de cigalas, la tortilla de patatas con salmorejo, el pulpo a la brasa… tapas tradicionales con un guiño de modernidad y elegancia. La ensaladilla rusa con carabineros está impecable.

También como entrante, tomamos unos niguiri de huevos de codorniz, con aroma de trufa, en los que cada comensal inyecta la salsa de soja directamente en el arroz, frito y crujiente, mediante una pequeña cánula. El niguiri se come de un bocado y resulta una verdadera sorpresa de sabor. Un verdadero invento que permite mojar en soja el niguiri, sin que acabe todo el arroz flotando en el cuenquito  de la salsa.

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En la carta de Nimú también aparecen valores seguros como las cocotxas, los fritos de merluza con pimientos, el steak tartare o los excelentes cortes de carne.

Además, pudimos probar un solomillo stroganoff, muy bien hecho, tierno y sabroso, unos fingers de pollo y un tartare de atún perfectamente aliñado.nimu3

De postre nos decidimos por una tarta fina de manzana exquisita, servida con su correspondiente helado de vainilla.

Pues, lo dicho, comer en Nimú es una experiencia muy buena, que recomiendo y espero repetir pronto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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