Alabaster un restaurante gallego poco típico

Hace tiempo que tengo a De Fogones y Hombres un poco descuidado: otras actividades, no más queridas pero sí más urgentes, me han robado el tiempo necesario para ponerme a escribir con el cuidado que se merecen temas tan serios como los relacionados con comer rico de una forma original, nutritiva, económica y divertida, que son los parámetros por los que suelo medir las recetas o restaurantes que suelo subir a este blog.

Pues bien, estos días he sabido de dos lugares gastronómicos distintos y no quiero dejar pasar más tiempo sin mencionarlos aquí porque creo que ambos son dignos de conocerse. Aunque este post lo dedico al restaurante Alabaster, me reservo para el siguiente  otro sobre Home Bakery, en el madrileño barrio de Las Tablas, una panadería de lujo y mucho más. Ya hablaremos de este sitio.

Al lío que no me centro: el Restaurante Alabaster ( Montalbán, 9) pertenece al grupo gallego  Alborada, con restaurante insignia del mismo nombre en La Coruña.

Llama la atención en Alabaster el impecable ambiente, tanto desde el punto de vista de la decoración, elegante y sobria,como el que no se haya escatimado espacio, ni calidad en manteles, cubertería y vajillas. Da gusto comer comida riquísima servida del mejor modo posible. Otra cosa que llama la atención es la buenas condiciones de sonoridad del comedor, en pleno apogeo de una comida de domingo, no se oía una voz más alta que otra, cosa que, por desgracia, no suele pasar en el resto de locales al uso y que es muy de agradecer: un ambiente animado pero sereno como la mejor de las maneras de disfrutar de los alimentos.

Empezamos la comida probando unas croquetas de cigalas imponentes, unas anchoas marinadas muy suaves con un hilo de mayonesa y cebolla y unas zamburiñas. Fue difícil elegir tan sólo un par de entradas de las ricas sugerencias que tiene la carta (almejas al natural, cigalas, ensalada de bogavante, pulpo…) De plato principal no se puede dejar de pedir una merluza, al vapor, con un pilpil de lima, sobre lecho de espinacas que está logradísimo. El lomito de merluza conserva todo su sabor mientras se aprecia también el aroma de la lima y el toque verde de la espinaca. Un verdadero éxito de la cocina.

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Y hablando de cocina, el equipo de Alabaster es de primera categoría. El diseño del menú se lo debemos a Iván Dominguez, apoyado por el jefe de cocina, Antonio Hernando.  En sala, Oscar Marcos y Francisco Ramírez se encargan de que todo fluya y que el cliente se sienta aconsejado y cuidado.

Aunque la oferta de pescado y marisco es excepcional, las carnes, gallegas, por supuesto, son de excelente sabor y corte. En Alabaster, además, se atreven y bordan platos típicos de casquería como son las manitas, las mollejas o los callos. Probamos un guiso de callos con pulpo que, por extraña que parezca la mezcla, estaba muy bien hecho y riquísimo.

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Desde luego, a un restaurante que cuenta con toda la artillería de los magníficos ingredientes de la cocina gallega de tierra, mar y aire (también bordan el pichón) sólo les faltaría una repostería de altura para ser un diez en el panorama restaurador madrileño. Pues la tienen: los postres de Alabaster están muy bien hechos y son delicados y originales: baba al ron con relleno de pasas, tarta de limón, coulin de chocolate, milhojas…

Otra cosa buena que tiene Alabaster es que, pese a que la experiencia gastronómica allí está a la altura de cualquier restaurante con estrella Michelin, el precio que pagamos por la experiencia no alcanza lo que se paga en esos sitios por una comida. La carta está muy equilibrada en cuanto a precios y, desde luego, la relación precio/calidad es óptima.

Por todo lo dicho, recomiendo hacer una visita a Alabaster donde podremos disfrutar de los mejores ingredientes gallegos con el refinamiento y la imaginación de la mejor cocina de vanguardia.

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