Este truco me lo dio hace mucho Maria Jesús -mi suegra- y la verdad es que es bastante socorrido. Se trata de, a la vez que se cuecen en la olla las judías para hacer unas judías verdes, se pueden cocer unas patatas enteras y unas zanahorias, también enteras para, una vez cocinas y rescatadas, hacer una ensaladilla rusa. El caldo de cocer las verduras se guarda y puede constituir un caldo estupendo para hacer un arroz o una paella, o tomarlo sólo, bien calentito en plan consomé, para complementar una cena de invierno. O sea, que a la vez que hacemos las judías verdes, estamos sentando las bases para hacer también, con toda comodidad, otros dos platos. Un ingenioso 3×1.
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Me llama mi hermana Fernanda diciéndome que le va a llegar a casa una niña americana, amiga de su hija Martita, a pasar unos días de intercambio con ellos. Hasta aquí, todo, más o menos sin pegas. El problema empieza cuando la susodicha niña resulta que es vegetariana. Adolescente, americana y vegetariana. ¿Se puede pedir algo más complicado para intentar satisfacer en cuestiones de gustos alimenticios a alguien?
Pues la llamada de mi hermana era para ver si le decía alguna receta vegetariana que pudiera gustar a la visitante.
Dado que a la gente joven, en general le gusta mucho la pasta, se nos ocurrió que una buena lasaña vegetariana iba como anillo al dedo para esta situación.
Es una receta un poco latosa, aunque si lo pensamos bien, todas las lasañas, de carne o de lo que sean, llevan bastante preparación previa. Y ésta, no iba a ser menos. El resultado es una sabrosa lasaña muy fresca y apropiada para tomar de plato único cpn una buena ensalada verde.
Las cantidades y los ingredientes son un poco orientativos. Según el tamaño de la fuente en que vayamos a hornear la lasaña y el número de comensales que vayan a disfrutarla, se podrán poner más o menos capas e ingredientes.
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Hay platos que son estacionales, como el paro registrado o los ingresos por turismo (Perdón, pero la economista que llevo dentro, aunque adormilada, todavía da la lata de vez en cuando). Pues eso digo, que hay platos de los que no nos acordamos en todo el año más que cuando el calendario nos lo marca. Al llegar la época de las torrijas, de los buñuelos de viento o del pollo relleno, me acuerdo de esos platos y los hago, sin que “el pronto” vuelva a repetirse luego a lo largo del resto del año, siendo todos ellos, como son, muy dignos de tenerlos en cuenta en muchas más ocasiones.
Eso mismo le pasa al potaje de vigilia (es un nombre precioso para camuflar que en realidad se trata de un simple pote de garbanzos al que se le añaden espinacas, bacalao y huevo duro). Es una comida muy sana, económica y sabrosa que no sé yo porqué no se me ocurre más a menudo cocinarla. Otra manía que habrá que corregir.
El potaje de vigilia, si se le da el punto, puede llegar a ser un manjar. En Valladolid, en el Restaurante Santi (Caballo de Troya), hacen un potaje que te dan ganas de no comer otra cosa (luego ves todas las exquisiteces que tienen en la carta y ¡ya lo creo que pides otras cosas!
La receta del potaje de vigilia es muy sencilla.
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Tras mucho investigar (Bueno, no tanto: no os creáis todo lo que escribo, pero quedaba muy bien lo de “tras mucho investigar…”) he llegado a la conclusión que lo único imprescindible para hacer una Ensalada César, es la lechuga. Y ni en eso se ponen de acuerdo todos los cocineros y restauradores porque hay algunos que dicen que la verdadera lechuga de la ensalada César es la de la variedad “romana”, otros la “iceberg”, la “trocadero”o la “batavia” y los más a la última proponen la exótica lechuga de “hoja de roble”.
Lo cierto es que la hoy ampliamente popular Ensalada César nace hacia 1930 en Tijuana de la mano de unos cocineros de origen italiano, los hermanos Cardini (Alex y César) que inventan un aliño a base de aceite, anchoas y queso parmesano rallado, que incorporan a una ensalada básica de hojas de lechuga y tiras de pollo a la plancha.
En 1948 César Cardini registra la salsa en Los Ángeles con el nombre de Cesar Dressing Mix y posteriormente la comercializan por toda la zona de California y Nuevo Méjico, desde donde se populariza y expande.
Hoy en día existen en el mercado infinidad de salsas César para ensaladas -lo cual nos hace dudar de la eficacia de las patentes registradas en California-.
Las famosas “Cesar Dressing Mix” son salsa “de bote” que no están mal del todo y que, usadas con racanería en las ensaladas de lechuga y pollo -suelen ser un poco fuertes- nos ayudan a reproducir en pocos minutos la famosa ensalada que crearan los Cardini.
La salsa César “de verdad” es un poco petarda de elaborar y no hay más que ir a un restaurante de postín en la que se realice esta ensalada a la vista del cliente para comprobar cómo hay que estar dale que te pego a una yema de huevo, aceite, ajo y anchoa machados para realizar el famoso aliño. En casa la ensalada César tiene mucho éxito y, aunque suelo utilizar el aliño express comprado en cualquier supermercado, cuando preparo un aliño semi-express de mi invención, debo reconocer que está mucho más rica la lechuga.
Para hacer el aliño semiexpress de la ensalada César, utilizo una cucharada de mayonesa, una cucharadita de mostaza de Dijon, un par de anchoas en aceite y aceite de girasol. Se deshacen las anchoas, se mezcla todo con un tenedor y ya está.
La lechuga que a mí me gusta más para esta ensalada es la romana o de oreja de asno y se ponen las hojas casi enteras o partidas en trozos muy grandes. (Se cuenta que en sus orígenes la ensalada César se comía con las manos, utilizando las hojas de lechuga para “pillar” el resto de ingredientes. ¡Cualquiera sabe las delicadas maneras al uso en el Nuevo Méjico de la época!
Como yo suelo poner el filete de pechuga de pollo empanado, porque me resulta más cómodo que a la plancha ya que puedes dejarlos hechos con anterioridad sin que queden resecos, no le pongo trocitos de pan fritos (croutons) . Sería mucho “panizo” para tratarse de una ensalada.
Eso sí, es una ensalada consistente. Sirve perfectamente de plato único, aunque no debe negar que a la hora o así de haber comido, ¡Te entra un hambre!
Seguir leyendoUna receta fácil de las que tanto nos gustan. Aunque rellenar los pimientos del piquillo es un poco entretenido porque es mejor que sean pequeñitos, por lo demás, es coser y cantar.
Previamente nos hemos agenciado una morcilla de Burgos de buena calidad, un puñado de piñones, pelados, un par de latas de pimientos del piquillo listos para rellenar y un tetrabrick de nata o de besamel, según lo que nos guste más. En una media hora tendremos un plato muy resultón que lo mismo sirve para presentar en una cena informal de muchas cosas de picar, para segundo plato de una comida normal o incluso de plato único, acompañado de una buena ensalada. Muy sencillo y muy sabroso.
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Normalmente suelo hacer las lentejas viudas. O sea, sólo con verduras. Salen muy buenas y son muy digestivas. Como de vez en cuando está bien variar por aquello de que nos cansamos de todo, algunas veces hago las lentejas con morcilla de Burgos. Es una receta de lentejas, fácil, no: lo siguiente, como dicen ahora entre la juventud)
La gracia de estas lentejas es que la morcilla se deshace en el caldo de las lentejas y no se nota, pero le da al guiso su característico y rico sabor.
Yo suelo poner una morcilla de cebolla, pero con la de arroz tampoco están nada mal las lentejas. Más suaves pero también muy ricas.
Como se ve, es básicamente la receta de unas lentejas estofadas con verdura a las que se le añade una morcilla de Burgos -de cebolla o de arroz, como se quiera- a la hora de ponerlas a cocer. Facilísimo.
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Mis amigas Teresa y Mª José, de Naranjas Ribera, siempre que me mandan un pedido de naranjas o mandarinas, meten dentro de la caja, además de la factura, ¡claro está!, una receta de cocina que invariablemente incorpora naranjas. Me parece una idea genial y, hay recetas de todo tipo con la naranja como ingrediente: de sopas a bizcochos, de carnes a pescados, el característico aroma de la naranja encaja perfectamente en infinidad de ricos platos.
La receta de ensalada con pollo , queso de cabra y naranja es muy decorativa, fresca, alimenticia y ligera. Como además no es complicada de hacer y se monta en un momento, no le podemos pedir más a una receta. Sirve perfectamente de plato único o como entrada de una comida más consistente. A mí me gustó mucho, ver qué os parece.
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En mi casa cuando era pequeña no se comían habas de mayo. Pasábamos de la faba asturiana a la judía verde , sin mayores incursiones en el mundo de las papilionáceas, a excepción hecha de las judías negras o frijóles que, con arroz blanco, componían un plato que le encanta a mi padre y que tiene el bonito nombre de moros y cristianos.
Cuando empezamos a salir Jose y yo me encontré que en su casa ponían a veces un plato muy rico que eran las habas con vaina y todo. Yo entonces ya tenía algo de mundo y había comido fuera de casa habitas con jamón, pero las habas así preparadas no las había tomado nunca y me encantaron.
Cuando conté en casa que había tomado unas habas “en plan judía verde”, mi abuela Paz, que vivió muchos años en Aragón porque mi abuelo era bilbilitano -los de la Logse, al diccionario-, me dijo que el plato en cuestión se llamaba habas en calzón. El nombre me gustaba casi tanto o más que la receta.
Es un plato muy fácil de hacer pues las habas de mayo, a pesar del aspecto vasto que tienen, son de una suavidad tal que no necesitan más que quitarles los rabitos. No hace falta pelar las hebras, cosa que no siempre sucede con las judías verdes.
Por lo visto las habas frescas tienen, además de mucha fibra y proteínas vegetales, una elevada dosis de calcio y vitaminas B1 y B2. También se dice, pero vaya usted a saber, que la ingesta habitual de habas es eficaz en la lucha contra el ácido úrico, el colesterol y e incluso el mal de Alzheimer. Vamos, que comer habas es un verdadero chollo: no sólo están buenísimas sino que no engordan, son baratas, fáciles de cocinar y muy saludables. ¿Será pecado?
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Para mí, la tortilla ideal es la de patata de toda la vida pero también me gusta mucho y me saca muchas veces de apuros, tomar una tortilla de bonito en aceite. Tanto un par de huevos como alguna lata de bonito son cosas que solemos tener todos por casa.
Hoy estaba preparando una tortilla de bonito cuando se me ha ocurrido cómo estaría si se le añadiese algún ingrediente más. Pues a los huevos batidos, además del bonito, les he agregado un bote de unas habitas tiernas que tengo yo de Conservas El Juncal. Por cierto, de esta marca tenemos que hablar en alguna otra ocasión, porque son de Fitero y tienen unas verduras navarras que quitan el hipo.
Lo mejor son los espárragos, pero no se quedan atrás el cardo, las borrajas, acelgas, alcachofas…Todo riquísimo y además, a unos precios muy buenos y te lo mandan donde quieras sin poner ningún problema con la mayor de las amabilidades.
Pues la tortilla de bonito y habitas es de lo más sencillo y no veáis lo rica que está.
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Ya sabemos todos que los americanos inventaron la figura de Popeye- por cierto, en realidad es “pop eyes”, esto es, “ojos saltones”- para que los niños comieran, sin protestar demasiado, las saludables espinacas. Sí, muy saludables pero de de sabor un tanto peculiar para los niños. Vamos, que no he conocido un sólo niño al que le gustaran las espinacas, Debo decir que tampoco es que vaya por la vida confeccionando estadísticas sobre el tema.
También resulta que hay muchos, ya no tan niños, a los que las espinacas no hacen tampoco excesiva gracia.
Lo que sí está claro es que la espinaca es una hortaliza cuya ingesta, aportando niveles ínfimos de calorías a la dieta, proporciona elevados porcentajes de vitaminas A, K, B9, hierro y ácido fólico. Que conste que todo esto me lo acabo de empollar ahora, que no estoy yo tan puesta en nutrición, aunque ya me barruntaba que la espinaca era una comida muy sana.
En casa últimamente tomamos mucha espinaca en ensalada – Resulta muy cómodo lo de la bolsa de hojas de espinacas lavadas que venden ahora en todas partes-, pero el otro día decidí para variar hacerlas con besamel y unos huevos duros. Vamos, una versión facilita de las riquísimas espinacas a la florentina con sus huevos escalfados.
La verdad es que salieron muy ricas y la familia, siempre tan crítica ella, me hizo la ola. Qué cosas ¿verdad?
La receta es fácil. Yo hice la besamel en la Thermomix, con lo cual, es la receta pasa de “fácil” a “tirada”.
Puede servir de plato único para una comida de gente no muy comilona o para una cena y, por ssupuesto, para un riquísimo primer plato.
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