El otro día recibo en el móvil unas fotos de unos botes de mermelada decorados por mi sobrina Cova. Resulta que Cova, que tiene siete años, estaba malita en casa y su madre, mi hermana Rosario, para entretenerla la había puesto de ayudanta en la preparación de una receta familiar que nos encanta: la crema inglesa de limón que hacía mi abuela Paz. Es el típico lemon curd británico que tan bueno está para poner encima de las tostadas, para rellenar tartas, pastelitos o para comer a cucharadas cuando no nos vea nadie.
“Curd” en inglés quire decir “cuajado” y es que esta crema consinte en cuajar huevos y limón, al Baño María, con la incorporación de mantequilla para dar suavidad a la mezcla. Y azúcar, claro, que si no no estaríamos hablando de un tipo de mermelada.
La receta es sencilla y no se tarda mucho en hacer si se hace en pequeñas dosis. Sólo hay que tener un poco de paciencia a la hora de revolver -con cuchara de palo- la crema hasta que espese. El resultado merece la pena.
Siempre me ha gustado el laconismo de esta receta. Las instrucciones se limitan a 8 palabras. Como no todo el mundo tiene ahora la cultura repostera que tenían antes, recomiendo colar el zumo para que no caigan pepitas ni trocitos de limón.
Ah, y una nuez de mantequilla pueden ser de 25 a 50 gr, según el gusto del cocinero por este sabor.
Lo del Baño María ya no lo explico. Si alguno no sabe lo que es, que clicke aquí, que viene muy bien explicado en Wikipedia
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El solomillo de cerdo es una pieza de carne que posee muchas ventajas: es económica, no tiene prácticamente grasa ni desperdicio y, al ser muy tierna, se cocina rápidamente. Además, no nos olvidemos de que el injustamente criticado gorrino tiene una carne muy sabrosa. Ahora los nutricionistas están dando marcha atrás en la mala consideración en que tenían catalogada la carne de cerdo comparada con otros tipos de carnes.
El cerdo puede prepararse de muchas formas distintas: al horno, en escalopines, en salsa…
Esta receta es muy sencilla de elaborar y resulta muy rica y fácil de comer.
Aunque se mezclan los sabores ácidos del limón y dulces de la miel, que no cunda el pánico: el sabor de esta salsa es agridulce pero no tiene nada que ver con esa salsa china del mismo nombre tan poco apetitosa desde mi punto de vista.
En casa, cuando hago estos solomillitos con miel y limón los solemos comer acompañados por un puré de patata.
Por cierto, aunque aguanta mucho tiempo en la nevera, también congela estupendamente.
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La pasta me encanta. La verdad es que está buena casi de cualquier manera.
La receta que pongo a continuación es una de mis favoritas de pasta. Es aromática, fresca y relativamente ligera. A ver qué os parece.

Fetuccini con salsa de anchoas, limón y alcaparras
Creo que no hay postre más agradable en estos días de tanto comer y comer que una buena macedonia de frutas, ligera, fresca y nutritiva.
Si se hace bien, la macedonia da un poco de trabajo porque está más rica con la fruta picada menuda. No me gusta nada la macedonia que te ponen en algunos hoteles de lujo que consiste en enormes trozos de fruta todavía verde y sin pelar. Puestos a elegir, prefiero la modesta macedonia de lata de hoteles más corrientes.
Para hacer una buena macedonia hay que contar, al menos, con dos piezas de fruta por comensal. Se puede poner cualquier tipo de fruta siempre que esté en un buen punto de madurez: ni muy madura, porque se desharía, ni muy verde. Es mejor usar fruta de temporada ya que tendrá más sabor y se abarata bastante el coste del plato.
Para la macedonia que he preparado hoy, que nos reuníamos mucha gente a comer, he utilizado melón, mandarinas, manzanas, plátanos, peras, fresas y unas frambuesas para adornar.
A mí me saca muchas veces de apuros hacer una sencilla macedonia con una lata de piña en almíbar, otra de melocotones y el zumo de un limón. No se tarda nada y, aunque no es lo mismo, está también muy rica.
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