Los huevos suelen ser el inevitable ingrediente de las cenas de casi todas las familias españolas.
Además, parece que los nutricionistas han vuelto a redimir este humilde ingrediente -que tenían denostado por su excesivo aporte de colesterol- ya que ahora han redescubierto que la ingesta de huevos produce más ventajas que inconvenientes: alto valor nutritivo, gran cantidad de vitaminas liposolubles y elevado valor proteico. Para niños y jóvenes -no alérgicos, claro- es fundamental que los huevos formen parte de la dieta habitual.
Además, prácticamente todos los ingleses empiezan el día con un par de huevos de desayuno y ahí están, con la misma esperanza de vida que el resto de ciudadanos de países desarrollados.
El domingo por la tarde, harta de discurrir qué poner para cenar, que gustase a todos y que pudiera hacerse con el exiguo contenido de la nevera, recordé esta receta que se hacía a menudo en casa de mis padres y que yo también preparaba cuando mis hijos eran pequeños. Sale buenísima y los niños -y no tan niños- la comen estupendamente.
De este plato hay dos versiones: la de vagonetas (la mía) y la de gente trabajadora y cabal.
Yo hice ayer la de vagos, que es la que voy a explicar ahora.

Huevos duros con tomate y besamel
De verdad que está estupendo así, haciendo la receta facilonguis. Si se hace con tomate frito casero y besamel hecha a mano….¡pues, de sollozo!
Seguro que vuestros niños van a agradecer esta nueva versión del huevo de la cena.
Seguir leyendo¿A que parece un bodegón de algún pintor hiperrealista?
Pues no, son los únicos ingredientes -bueno, además de la sal y el agua- de una receta de puré a la que tengo un cariño especial: el puré de patata, puerro y zanahoria.
Este sencillo puré de verduras es un alimento que me trae recuerdos de infancia. En casa lo ponían de primer plato muchas veces y a todos nos gustaba.
Como los ingredientes de este plato van en crudo -si rehogar las verduras ni freir el aceite-, se digiere muy bien. Es un puré que gusta mucho a los niños ya que es de verduras, pero de verduras de sabor “amable” como la patata o la zanahoria. Además, para niños recalcitrantemente malos comedores, es un chollo. No sé por qué razón, se lo comen estupendamente y el aporte de patata permite a los padres respirar tranquilos respecto a la pérdida de peso de los infantes.
Del otro lado de la pirámide de población, a las personas mayores también les suele gustar y lo comen muy bien. Es sabroso, sano y digestivo.
En casa, mi abuela Paz, que era incapaz de cocinar nada hipocalórico, saboteaba esta receta ligera de su nuera -mi madre-, sirviéndola con trocitos de pan frito. Nos encantaba.
Puré de patata, puerro y zanahoria
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Ya hace tiempo que pasó Halloween, esa fiesta tan nuestra (!), aunque yo sigo encontrando calabazas estupendas en la frutería pese a que es más bien un fruto de otoño. Ahora, la verdad, es que hay de todo durante todo el año.
La crema de calabaza es un primer plato digestivo y económico que además está riquísima. Encima, si el frutero tiene ya bandejas de calabaza pelada -la piel de la calabaza es muy dura- pues el plato resulta rapidísimo de hacer.
La receta es muy sencilla. Para darle más cremosidad se le suelen poner unos quesitosa tipo MG o El Caserío así como nata líquida al final. Pueden utilizarse quesitos y nata líquida light para que la rica crema no aporte excesivas calorías a la dieta. Incluso así conserva su exquisito sabor.
Crema de calabaza
Puede echarse un chorrito de un aceite aromatizado -esta vez he usado uno de trufa- o un poquito de nata, para que haga bonito. Se sirve caliente o templada.
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