En mi casa cuando era pequeña no se comían habas de mayo. Pasábamos de la faba asturiana a la judía verde , sin mayores incursiones en el mundo de las papilionáceas, a excepción hecha de las judías negras o frijóles que, con arroz blanco, componían un plato que le encanta a mi padre y que tiene el bonito nombre de moros y cristianos.
Cuando empezamos a salir Jose y yo me encontré que en su casa ponían a veces un plato muy rico que eran las habas con vaina y todo. Yo entonces ya tenía algo de mundo y había comido fuera de casa habitas con jamón, pero las habas así preparadas no las había tomado nunca y me encantaron.
Cuando conté en casa que había tomado unas habas “en plan judía verde”, mi abuela Paz, que vivió muchos años en Aragón porque mi abuelo era bilbilitano -los de la Logse, al diccionario-, me dijo que el plato en cuestión se llamaba habas en calzón. El nombre me gustaba casi tanto o más que la receta.
Es un plato muy fácil de hacer pues las habas de mayo, a pesar del aspecto vasto que tienen, son de una suavidad tal que no necesitan más que quitarles los rabitos. No hace falta pelar las hebras, cosa que no siempre sucede con las judías verdes.
Por lo visto las habas frescas tienen, además de mucha fibra y proteínas vegetales, una elevada dosis de calcio y vitaminas B1 y B2. También se dice, pero vaya usted a saber, que la ingesta habitual de habas es eficaz en la lucha contra el ácido úrico, el colesterol y e incluso el mal de Alzheimer. Vamos, que comer habas es un verdadero chollo: no sólo están buenísimas sino que no engordan, son baratas, fáciles de cocinar y muy saludables. ¿Será pecado?
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Hoy creo haber descubierto la cuadratura del círculo. Me explico:
Resulta que las últimas tendencias en nutricionismo (!) consideran el brécol -brócoli para los más finolis y para el común de italianos, no importa lo burros que sean-, como un alimento de “fondo de armario” o mejor de “fondo de nevera”, que todos deberíamos comer al menos un par de veces por semana.
Pues la famosa verdurita no es que esté muy rica que digamos. ¡Eso que a mí las verduras me gustan todas!
Incluso recuerdo un capítulo de Los Simpsons en el que Bart declara que el brécol es un alimento tóxico que ya te avisa de su existencia con su “apestoso” olor. No le falta algo de razón al enfant terrible de los famosos dibujos animados.
Pues como ahora en todas partes se habla de nutrición y de lo mucho que nos tenemos que cuidar, yo, de vez en cuando, echo al cesto del súper alguna bolsa de brécol congelado o algún ramo de brécol fresco en la frutería.
No es que a “la peña” le encante, pero, si hay que cuidarse, hay que cuidarse. ¡Y no se hable más!.
Hoy he hecho una crema básica de brécol y zanahoria . Puritito chute de vitaminas, si no estuvieran cocidas las verduras, claro, aunque esperemos que alguna haya sobrevivido al proceso de cocción.
La crema ha sido muy sencilla de hacer y estaba francamente rica. muy nutritiva y nos ha sentado a todos de maravilla.
Qué cosas, ¿no?
Ahí va la receta y las fotos del “antes” y el “después” del susodicho brécol
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La coliflor es una verdura que no siempre desata pasiones. En casa, por ejemplo, no es que les guste mucho. Me dispongo a recibir algún que otro gruñido mientras me pongo a la faena para preparar una coliflor con besamel. Tan sólo Bétel, mi perra glotona, aparece por la cocina y se aposenta a mi lado a ver si le cae algo.
La verdad es que la coliflor es un poco petarda como alimento. Si no se toman medidas cautelares al cocinarla, la casa se impregna de un fétido olor. A mucha gente no le gusta demasiado su sabor y, a la mayoría, se le producen molestos cólicos tras comerla…. Bueno, on the other hand, que dicen por ahí, tenemos que la coliflor es una verdura muy baja en calorías y rica en vitaminas A , C y, en menor medida, E y K. Posee además gran proporción de minerales como calcio, magnesio y potasio, muy beneficiosos para fortalecer huesos, pelo y uñas.
A mí, como me encanta su sabor, soporto con paciencia los daños colaterales y miro con optimismo lo poco que engorda y lo bien que me van a quedar los huesos y el pelo después de comerla. Espero que os guste así cocinada.
Coliflor con besamel
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Creo que no hay postre más agradable en estos días de tanto comer y comer que una buena macedonia de frutas, ligera, fresca y nutritiva.
Si se hace bien, la macedonia da un poco de trabajo porque está más rica con la fruta picada menuda. No me gusta nada la macedonia que te ponen en algunos hoteles de lujo que consiste en enormes trozos de fruta todavía verde y sin pelar. Puestos a elegir, prefiero la modesta macedonia de lata de hoteles más corrientes.
Para hacer una buena macedonia hay que contar, al menos, con dos piezas de fruta por comensal. Se puede poner cualquier tipo de fruta siempre que esté en un buen punto de madurez: ni muy madura, porque se desharía, ni muy verde. Es mejor usar fruta de temporada ya que tendrá más sabor y se abarata bastante el coste del plato.
Para la macedonia que he preparado hoy, que nos reuníamos mucha gente a comer, he utilizado melón, mandarinas, manzanas, plátanos, peras, fresas y unas frambuesas para adornar.
A mí me saca muchas veces de apuros hacer una sencilla macedonia con una lata de piña en almíbar, otra de melocotones y el zumo de un limón. No se tarda nada y, aunque no es lo mismo, está también muy rica.
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