Hoy os hablaré de un sabroso y sencillo cóctel que descubrí una tarde de domingo, mientras leía plácidamente en casa ‘El sueño eterno’, una estupenda obra que me regalaron en San Valentín y cuyo autor era el estadounidense Raymond Chandler, uno de los genios de la novela negra.
Resulta que el protagonista de aquel libro, el detective privado Philip Marlowe, consumía con asiduidad el Gimlet, un cóctel del que yo jamás oído hablar, motivo por el que decidí indagar un poco más en su origen. Según me dijeron entonces, Marlowe era también el protagonista de otra interesante novela negra de Chandler, titulada ‘El largo adiós’, que rápidamente me apresuré a comprar y en la que también se volvía a hablar del Gimlet.
Teniendo en cuenta que “gimlet” es una palabra inglesa que hace referencia a la barrena de mano, parece ser que hace referencia a la capacidad de esta bebida para penetrar en nuestro interior, estilo destornillador, y que comenzó a utilizarse para describir a este cóctel a partir de 1928, una década antes de que fuera descubierto por el genial detective Philip Marlowe.
Fue entonces cuando descubrí que el Gimlet también puede elaborarse con vodka, a pesar de que el personaje creado por Chandler prefería la versión con ginebra (que es la que yo he utilizado), y que, junto al chorrito de lima, también se le puede añadir un poquito de zumo o incluso soda, dependiendo de los gustos del consumidor.
En cualquier caso, con el paso del tiempo este cóctel se ha convertido en uno de mis favoritos, y cada vez que lo rescato me acuerdo de aquel libro recibido en San Valentín y de Raymond Chandler, un curioso personaje que fue soldado y más tarde ejecutivo de una compañía, de la que fue despedido por levantar las faldas a sus secretarias, antes de cultivar con éxito su verdadera vocación, la de escritor de novela negra.
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El color del cielo al atardecer, la luna llena triste… Varias son las traducciones que tiene este cóctel a nuestro idioma y ninguna me acaba de gustar. En todas ellas hay implícita una melancolía cargada de dolor que no me parece justa. Es cierto que despierta recuerdos, aromas del pasado… pero no siempre han de ser contemplados desde la tristeza.
Un buen Blue Moon os puede salvar de una tarde torcida. Como me ha pasado a mí hoy, que se me rompió la Thermomix mientras preparaba unos riquísimos calabacines con salsa de tomate. Ahora estoy a la espera de que la arreglen así que he decidido pasar el rato con este cóctel que os describo detenidamente.
Azul pálido y suave como una noche de verano, de suave paladar y fuerte aroma, esta receta es ideal para compartir con amistades muy cercanas. Es como si su sabor te incitara a viajar por los recuerdos a través de sus suaves aromas. Además, se dice que es el sucesor de uno de los más míticos cócteles de la historia, el Aviation, del cual hablaré en otro post.
Su color característico viene dado por el Curaçao Azul, aunque en la receta original se dice que se usaba Crème Yvette. Este licor desapareció a finales de los años 60′ pero lo recuperó en 2009 Charles Jacquin. Desde entonces, podéis encontrarlo en el mercado pero, si queréis, podéis sustituirlo por un licor de violetas como el Rothman & Winter Crème de Violette con Martini seco.
El licor sobre el que construimos nuestro cóctel es la ginebra, y es realmente fácil y sencillo. Os recomiendo no liaros en buscar la crema de violetas y que uséis el Curaçao Azul. Eso ya depende de cuanto tiempo estéis dispuestos a gastar buscando la preciada crema.
Sin más, os dejo con la receta para que esta noche o tal vez la de mañana, deis rienda suelta a vuestros recuerdos.
Seguir leyendoEl cóctel que hoy os presento tiene como principal protagonista ese vino generoso, aromatizado con hierbas y azucarado, denominado vermut. Asimismo, recurriremos a su variedad seca, de color amarillo pálido y más fuerte que el vermut dulce, optando por la marca Martini Extra Dry, un clásico que nunca falla.
Este Dry Martini es todo un clásico del glamour, tal y como se han encargado de recordarnos algunos grandes clásicos del cine e importantes obras de la literatura universal. Son innumerables los nombres de quienes han sucumbido al encanto de esta inmortal bebida.

Uno de ellos fue Ernest Hemingway, el genial literato y periodista estadounidense que pasó largas temporadas en España para contemplar en primera persona la Guerra Civil o la grandiosidad de los encierros de San Fermín. También sucumbió a sus encantos una de las grandes divas de la historia de Hollywood, la estadounidense de origen alemán Marlene Dietrich, de quien se dijo que mantuvo más de una cena para dos con otra de las divas de la época, la misteriosa Greta Garbo, con quien al parecer mantuvo un romance secreto.
En el ámbito político y militar, dos importantes personajes de la historia estadounidense fueron también fieles devotos del Dry Martini. El primero fue Franklin D. Roosevelt, el hombre que guió a los aliados a la victoria sobre el fascismo en la Segunda Guerra Mundial, y el segundo fue Dwight Eisenhower, quien hizo lo propio en el plano militar para, años más tarde, dar también el salto a la Casa Blanca.
Y para terminar, no podemos olvidarnos de otro de los personajes que más han defendido esta glamurosa bebida: me estoy refiriendo a James Bond, un personaje de ficción que siempre ha preferido el Dry Martini con vodka en lugar de ginebra y “agitado, no removido”.
Seguir leyendoHe de reconocer que no soy especialmente fanática de los frutos del bosque, pero también es cierto que a la hora de ponerme a preparar algún cóctel es uno de los ingredientes más habituales.
En este caso para preparar el Black & Blue los necesitaremos como base indispensable de este delicioso combinado.
Este cóctel está especialment
e indicado para disfrutar de él durante las noches de verano, pero si queréis tomároslo en cualquier otra estación del año, no hay ningún problema, os encantará en cualquier momento.
Refrescante y con un gusto a frutas excepcional, seguro que se convertirá en uno de vuestros favoritos, así que no os entretengo más y comienzo a explicar como se lleva a cabo su elaboración. ¿Listos?
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Hay innumerables cócteles que preparar para ocasiones especiales, pero si queremos estar al día, uno de los ingredientes que no puede faltar es la ginebra.
Si estáis pensando que lo que vamos a preparar va a ser un gin tonic estáis muy equivocados, la ginebra es perfecta para elaborar prácticamente cualquier tipo de bebida, pero en este caso alejada de ese sabor amargo que le aporta la tónica.
En esta ocasión vamos a usar blue curaçao, que le dará un toque dulce y en la presentación unos arándanos que lo harán atractivo, no solo para el paladar sino para la vista.
Así que preparad los ingredientes y comenzad a hacer este delicioso Blue Dassa.
El White Lady es un cóctel que se creó antes que el Pink Lady. Lo único que cambia es algún que otro ingrediente que, obviamente, le hace tener ese color transparente (para los que no sepáis nada de inglés, white significa blanco), diferente al lady que es rosa (porque Pink significa rosa).
De este glamuroso cóctel existen varias historias y mucho misterio. El origen del White Lady se lo disputan franceses, ingleses e italianos. Hay varias versiones sobre quién inventó el cóctel, pero hay dos historias que son las más creíbles y son las que prefiero contaros.
La primera cuenta que lo inventó el barman escocés que también inventó el cóctel Brandy Alexander, llamado Harry McElhone. Supuestamente lo inventó en el año 1919 cuando trabajaba en el Ciro’s Club de Londres. Aunque se dice que en principio llevaba crema de menta, Harry McElhone la sustituyó por ginebra.
La segunda historia cuenta que la creó un barman estadounidense llamado Harry Craddock durante la época de la Ley Seca, cuando estaba viviendo y trabajando en Londres. Harry Craddock se convirtió en uno de los mejores cocteleros entre los años 1920 y 1930, tanto que en ese último año publicó el libro de cócteles “The Savoy Cocktail Book”, que aún se sigue teniendo como referencia en este sector. En el libro aparece la receta de dicho cóctel a base de ginebra, Cointreau y zumo de limón.
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¡Viernes! Hoy es el día perfecto para ir a conocer algunas de las coctelerías que os he recomendado en el post anterior. Yo quiero compartir con vosotros uno de mis recuerdos más preciados de mi viaje a San Francisco: elLong Island Iced Tea, uno de los cócteles más famosos del mundo. Todo el que vaya de viaje a EE.UU. está obligado a probarlo y más sabiendo las historias que se cuentan acerca de este curioso cóctel.
La más conocida es que el Long Island Iced Tea data de los años 70 y que fue creado por un barman llamado Robert Buttu, mientras trabajaba en un popular club nocturno de, obviamente, Long Island llamado Oak Beach Inn.
Se dice que primero se llamaba Iced Tea (por el color que toma la bebida al diluir la cola con los demás ingredientes), pero cuando el cóctel fue conocido en todo EE.UU., decidió añadirle el nombre de su ciudad.
Otra de las historias cuenta que se creó en 1920 en una pequeña comunidad de Long Island por un hombre que vivía allí, y que este pasó la receta a su hijo Ransom Bishop, quien ya terminaría por perfeccionar la bebida en 1940. Esta historia también puede ser cierta ya que hay que añadirle al cóctel un poco de cola para que tome un aspecto parecido al Iced Tea, algo muy comprensible durante la época de la Ley Seca cuando se disfrazaban los cócteles, para poder ocultar el verdadero brebaje que estaban tomando. De ahí que muchos barmans los rescataran más tarde para volverlos a preparar.
Esta misma noche pienso tomarte uno, ¿os animáis?
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Tom Collins pese a tener nombre de galán de película de los 50, no lo es, sino que hace referencia a un famoso cóctel que se popularizó en la década de los sesenta en la ciudad de Lima, entre los jóvenes que comenzaban a salir por la noche. Bebidas como el whisky se relacionaban más para el consumo de personas mayores, mientras que la cerveza no era elegante. De ahí que comenzaran a verse este tipo de cócteles como la mejor opción para los jóvenes que querían con esta bebida “convertirse en auténticos galanes”. La bebida pronto se asoció a las noches de baile de bolero y a la música romántica en general.
Es un cóctel muy suave y sencillo de preparar, para los que no sois muy amantes del alcohol, no tendréis problemas en disfrutarlo. Así que os animo encarecidamente a que lo hagáis.
Este cóctel era muy antiguo, y se dice que es uno de los primeros originarios de Londres. Según se dice el nombre proviene de John Collins, jefe de camareros del Limmers Hotel de Mayfair, al principio usaba ginebra para prepararlo, pero resultaba un tanto amargo. No fue hasta que cruzó el océano y llegó a Estados Unidos, cuando cambió la ginebra que usaba por el gin Old Tom Gin, mucho más dulce. Esto le popularizó de tal forma que el cóctel acabo por llamarse Tom Collins.
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El Brandy, por si no lo sabéis, también es conocido mundialmente como Coñac. Es la bebida destilada obtenida a partir del fermento de vinos, jugo de uvas u otras frutas. Esta bebida, como todas las destiladas, es de alta graduación alcohólica: 42º grados que aportan 290 kcal por cada 100 ml tomados.
El Brandy es una bebida con un sabor al paladar muy fuerte, por ello la mayoría de los cócteles preparados con este tipo de bebida alcohólica suelen ser no aptos para todos los gustos. Así que, si no sois amantes de los brebajes que tengan demasiado alcohol, no os lo recomiendo, ya que el “María Cristina” es de carácter fuerte.
Además del brandy, contiene otros ingredientes que tienen una alta graduación alcohólica como la Ginebra, ingrediente básico del Gin Tonic; el Ron, básico en los refrescantes Mojitos; o el Cointreau, que acompaña al tequila en un Margarita. La verdad es que si no os gustan las bebidas dulces, esta es perfecta.
Pero creo que os deberíais atrever a probarlo, ¿no? Al fin y al cabo, los amantes de los cócteles probamos de todo para poder juzgar. Os dejo la receta de una sola copa. Animaos ¡y no dejéis sola a María Cristina!
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Seguimos en nuestro recorrido de las bebidas y cócteles más importantes, y no podíamos dejar de lado a uno de los clásicos, el Gin Tonic. Vamos a conocer de dónde surgió éste popular cóctel (en este caso del no hay mezcla de historias, ni nada por el estilo).
En este caso nos dirigiremos a tierras germanas. El precursor de esta fuerte bebida fue el alemán Jacob Schweppes, que como ya os imaginaréis, fue el inventor de la tónica, creada a partir de la mezcla de soda y quinina.
El sabor no gustaba demasiado, pero era un importante remedio contra la malaria por lo que mucha gente empezó a mezclarla con ginebra, para suavizar el sabor levemente. Así que, pese a no ser una historia romántica o misteriosa, si que se ha demostrado su utilidad en aquella época.
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