Ropa vieja de pollo y garbanzos

¡Buenas noches!

Hoy mientras hacía la mochila para irme a Madrid el finde, al ritmo de Qué electricidad del bonito de Carlos Sadness, mi artista favorito del último mes. He dicho: ¡Qué me olvido de subir receta!. Y aquí estoy de revival, contándoos una versión del plato estrella de mi época madrileña, que me enseño un compi del antiguo trabajo; seguro que lo recuerdan casi todos, porque lo comíamos un montón. Lo llamábamos “Ropa vieja” y era algo tal que así:

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Yo en este caso le añadí un huevo y fue un “win” en toda regla, pero de antes lo hacíamos con patatas fritas ¡y estaba chachi!
Y que menos que dedicar en cierta forma esta entrada a los huevos ecológicos y de gallinas súper felices (más que tú y que yo juntos) de La Busta. Porque con el cariño que veo que las tratan, se merecen que nos gastemos unos pocos (¡muy pocos!) céntimos más que comprando cualquiera de un supermercado, que a saber la procedencia y las condiciones. ¡Qué menos!, al fin y al cabo, el resultado final de un almuerzo comienza por la procedencia de los productos básicos. He dicho.
:)

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 Ingredientes

  • 1/2 bote de garbanzos o uno de los pequeños de Mercadona
  • 1/4 cebolla
  • 1/2 pimiento rojo
  • 1/2 pimiento verde
  • 1/2 pechuga de pollo
  • 1 huevo
  • Tomate casero, cantidad al gusto
  • Aceite de OVE
  • Orégano
  • Sal
  • Pimienta

 Elaboración

Picamos la cebolla y el pimiento muy chiquitito y lo ponemos a pochar con una cucharada de aceite. Cuando esté en su punto, añadimos el pollo, cortado en daditos y previamente salpimentado.

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Lo damos unos meneos en la sartén y cuando tenga un color doradito, añadimos los garbanzos que habremos enjuagado previamente con mucho impetu hasta que no salga espuma y seguimos removiendo.

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Por último, no habría más que echar un ¡buen! tomate casero (ya os contaré en condiciones como lo hago en la próxima receta de ñoquis que subiré). Aderezamos con orégano, rectificamos el punto de sal y añadimos por el encima el huevo con la yema poco cuajadita.

Truquito del almendruco para hacer el huevo sin quemarnos, sin puntillas (para el que no le gusten, como a mi) y con la mayor facilidad del mundo:

Coges una sartenuca, la manchas con aceite y cuando esté muy muy caliente añades el huevo, con toda la tranquilidad del mundo echas sal, bajas un poco el fuego y lo tapas. Poquito a poco verás como se va haciendo. Harta acabé de salpicarme con aceite cada vez que le daba golpecitos ocn la espumadera para que lo de arriba se manchase de aceite y no se quemase por abajo y se quedase crudo por arriba. Tápalo y poquito a poco, ¡verás como es más sencillo y empieza a cobrar sentido lo de “no sabes ni freir un huevo!” porque disculpadme, pero nunca entendí esa frase, freír un huevo me costaba más que *añadaseaquicualquierfrikadainformáticadeesasquemegustan”.

Y el resultado.. ¡es esté!

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Pues nada, si no me da tiempo mañana a escribir nada y pasar una de las típicas recetas de Viernes, os deseo un feliz fin de semana. Yo seguro que lo paso como los indios :P, jajaja.

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