Burger Joint, burgers al estilo ‘grunge’

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Allá por octubre, os avisamos vía Facebook de que una nueva hamburguesería en Madrid había abierto sus puertas: Burger Joint. Los más viajeros, al oír este nombre os trasladaréis a Nueva York pues, allí, es una hamburguesería de prestigio, se dice que sirve unas de las mejores hamburguesas de la Gran Manzana. Pues bien, nosotras solo hemos pisado California y ya os adelantamos que lo que sirven en Madrid en nada se parece en nada a lo que dan en Estados Unidos. Pero bueno, de ilusión se vive, ¿o no?

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Fuimos un grupo grande, 8 personas, el local no es muy grande y estuvo complicado encontrar un hueco cómodo donde sentarnos; primero nos sentamos en unas mesas altas con sillas que no se adaptaban al tamaño de la mesa, después en unas mesas bajas con sofás, mucho mejor. Eso sí, no nos libramos de pasar un frío que te pelas.

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Como ya os hemos adelantado, el local es pequeño y frío y los dueños han querido dar una especie de diseño ‘grunge’ al estilo de los locales en ruinas que se estilan en Europa, como en Berlín o Budapest, a saber: paredes con ‘graffitis’, espejos antiguos, mensajes de odio hacia las Kardhasian y Justin Bieber… Una decoración un tanto ‘wannabe’ que hubiera funcionado si no se hubiera hecho tan a lo loco. A veces merece la pena gastarse el dinero en un interiorista.

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Pasemos a la comida. Es un autoservicio, como podéis imaginar, 8 personas (y que no es que seamos muy avispados), montamos un poco de lío. Todos optamos por el menú, que costaba 10 € a no ser que quisieras una cerveza artesanal, Monsier Gordo, que ya se subía a 12 €. Incluía hamburguesa, bebida y un brownie de postre.

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Una vez acabó este proceso nos fuimos a esperar a la mesa… A ver, el sistema de entrega de pedidos no lo habían organizado muy bien. En medio del local hay una pared y justo detrás de ella estábamos sentados por lo que no veíamos ni oíamos la cocina ergo, ¿cómo vamos a saber cuándo están nuestras hamburguesas? Muy fácil, la chica de la barra se quedó con el nombre de una de nosotros y cada vez que había un pedido listo gritaba: ¡Los amigos de Iratxeeeeeeeeee! ¡Los amigos de Iratxeeeeeeeeeee! Asustados, acudimos y vimos algunas de las hamburguesas y preguntamos, ¿cuál es cada una? A lo que nos contestó la chica de amplios pulmones: Las que habéis pedido… Gracias, de verdad, no nos lo podíamos ni imaginar…

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En fin, la carne, como la que compras en el súper de oferta, el pan seco y lo más inquietante es que algunas burgers picaban y otras no, siendo el mismo ‘modelo’ y sin echar salsas. Igualitas que los pimientos de Padrón. Vamos a escribir a Cuarto Milenio.

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Una vez acabas de comer, tienes que tirar los restos en diferentes cubos de reciclaje. Esto nos hizo especialmente gracia por varios motivos:

Lo primero, no había cubo para desechos orgánicos, ¿de verdad esperan que todo el mundo se acabe ese despropósito de burguers y patatas?

Además, mucho reciclaje pero luego te sirven las hamburguesas en envases de aluminio, y si no te gusta este accesorio de ‘take away’ puedes usar platos, cubiertos, y vasos ¡de plástico! ¿Puede haber algo menos biodegradable? Sí, las servilletas blancas de bar de barrio que no absorben, solo extienden. Si vas de ‘ECO’ compra un lavavajillas de categoría A+++, jabón de comercio justo y servilletas recicladas. A lo mejor así es más apetecible ponerte a separar todos tus envases.

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