Creo que en más de una ocasión ya os he hablado de lo mucho que me molesta cuando algunos enaltecen sobremanera las bondades de la gastronomía francesa mientras, de forma paralela, prestan poca o nula atención a la rica cocina española. Sin embargo, hoy voy a hacer una excepción.
Aunque adoro el queso de La Mancha, el de Cabrales y también el de Burgos, he de reconocer que el roquefort es una de mis grandes debilidades, por su suavidad, su sabor intenso y por otras razones que solo mi paladar podría explicaros si es que alguna vez llegara a adquirir vida propia.
Por todo ello, hoy os presento este delicioso pollo al roquefort, un plato sencillo y exquisito que además incluye otro de mis condimentos preferidos: la nata.
Dorad el ave en aceite y mantequilla durante media hora a fuego medio, dándole la vuelta de vez en cuando para que se cocine igual por todas las partes.
Añadid el ajo picado y rociad con el vino blanco.
Coced durante 15 minutos más a fuego lento y sacad las alas unos minutos antes.
Durante la cocción del pollo, mezclad la nata líquida y el queso roquefort en un cacito a fuego muy lento durante unos 10 minutos, para que el queso se derrita bien.
A continuación, cortad las endibias en tiras finas.
En otro cazo, cocinad las endivias al vapor, es decir, tapadas y a fuego muy lento, junto con mantequilla, durante unos 15 minutos, removiendo de vez en cuando para que no se peguen.
Si las endivias se secan mucho, añadid una cucharada más de mantequilla.
Una vez que las endivias estén bien cocidas, escurrid la mantequilla y añadid a la mezcla de roquefort con nata.
Removed todo de forma constante a fuego muy lento durante otros 10 minutos, hasta ligar bien la salsa.
Por último, cubrid los pedazos de pollo con la salsa de queso y servid.
Probablemente hoy os traigo la receta más calórica de todas las que os he mostrado hasta el momento, pero bueno, de vez en cuando no viene mal darse un capricho. Eso sí, no podemos hacerlo a diario o nuestro organismo lo acabará pasando mal.
La receta de hoy es el pollo Kentucky, que seguro que más de uno ha comprado en algún establecimiento de comida rápida.Crujiente y sabrosoes uno de los favoritos en Estados Unidos, y poco a poco ha ido haciéndose hueco también en nuestro país.
Pero como en realidad nunca sabemos qué es lo que comemos fuera de casa, ya que vamos a darle una dosis extra de calorías a nuestro cuerpo, qué mejor que hacerlo nosotros mismos, que al fin y al cabo, sabemos lo que estamos preparando y de dónde hemos sacado los ingredientes… ¿Listos?
En primer lugar, coged un bol para mezclar todos los ingredientes a excepción de la harina y el pollo, que los usaréis más tarde.
Cuando estén bien mezclados, id añadiendo el vaso de harina lentamente. Preparad una masa hasta que se convierta en una pasta seca que se pueda quedar pegada al pollo pero sin dejar ningún grumo.
Aunque la masa no debe ser líquida, si veis que es excesivamente espesa, podéis añadir un poquito de agua para diluirla.
Calentad en la sartén un poco de aceite a fuego medio. No echéis ni mucho ni poco, lo suficiente para cubrir la sartén unos dos centímetros.
Una vez que el aceite esté caliente, aumentad la intensidad del fuego e id añadiendo muy despacio las piezas de pollo.
Cuando esté llena la sartén, tapadla y poned el fuego de nuevo a fuego medio. Dejadlo unos 7 minutos hasta que se doren por un lado y dadles la vuelta. Dejadlas otros cinco minutos para que terminen de hacerse.
Retirad todos los pedazos de pollo y colocadlos sobre un plato previamente cubierto con papel de cocina para que absorba el aceite sobrante.
Pollo al horno, al limón, al ajillo... Hay mil formas de hacer el pollo al horno. Comparte tu receta de pollo. ¡Larga vida al pollo! Hasta que se meta al horno, claro...
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