StreetXo, la gamberrada adictiva de Dabiz Muñoz

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Han tenido que pasar tres cuatro visitas por el cielo de El corte inglés de Callao y la celebración de la tercera estrella Michelín para DiverXo (su hermano mayor) para, por fin, pronunciarme al respecto de este desenfadado StreetXo. En su apariencia, no es más que otro de los chiringuitos que ofrecen comidas más o menos rápidas en este área llamada Gourmet Experience; eso sí, con la música mucho más alta y taladrante. El espacio está concebido para comer unos cuantos platos e irse, no más de diez taburetes a lo largo de la barra hacen que no quieras quedarte mucho tiempo allí sentado. Además del dolor de cabeza en cuanto intentas mantener una conversación con alguien. Y aunque a ratos gustaría comer estos platos con un poco más de calma, el concepto funciona.

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Desde la primera vez que lo visité he podido probar casi todos los platos y en esta última penúltima también los que han metido nuevos en la carta. Es imposible apuntar la ristra de ingredientes que los cocineros/camareros te cuentan que llevan cuando te lo ponen delante, o bien en un cuenco o sobre un papel parafinado a modo de lienzo. Pero no importa, es puro umami. Y ha ido a mejor visita tras visita. Tal vez porque la primera vez probamos una caballa que no nos gustó demasiado y el tataki de pez mantequilla que tampoco nos maravilló. Pero el chili-crab, ¡oh, el chili crab! Ha sido un fijo, y lo seguirá siendo. Qué cosa rica. Y lo de la primera vez no se volvió a repetir porque todo lo demás que hemos ido probando a lo largo de los días nos ha conquistado. Son de esos platos que te gustaría rebañar a más no poder, a cucharada limpia. Y, además, a precios razonables (30€/persona comiendo abuntantemente).

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La verdad es que no me siento en absoluto capaz de definir la cocina de David, me gusta su equilibro y su atrevimiento y cuento los días para ir a DiverXo. Quien no conozca StreetXo que vaya, no se arrepentirá. Eso sí, que se prepare para mancharse las manos.

De visitas anteriores probé unos Gnocchis con boloñesa coreana de intenso sabor, el riquísimo cocido Hong Kong y la Panceta Saam, además de los que ya os he contado antes. Pero en esta ocasión iba bien acompañada y con las pilas cargadas, y nos pusimos las botas en una cena que cada dos o tres días me entran ganas de repetir. Mono. Auténtico mono.

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La cena empezó con el sándwich  club al vapor, ricota, huevo frito de codorniz y sichimi-togarashi. Es el plato más suave de toda la comida, por lo que es bueno empezar por él. Aunque su suavidad no es sinónimo de flojeza; está balanceado a la perfección y cuenta con una cremosidad perfecta.

Exquisitas las navajas al humo de aceite de oliva y carbón, ponzu de sisho y crema de coco. Con una textura perfecta y aliñadas en su punto justo.

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Las albóndigas de vaca vieja, guiso indonesio de cacahuetes, ancas de rana adobadas y nata ácida de coco, estaban jugosas, con una salsa que invitaba a no parar de meter la cuchara, aunque no entiendo bien el apoorte de las ancas de rana en ese plato.

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Repetimos el chili crab acompañado de mantou frito, hubiese querido diez mantous más para seguir mojando.

El ramen agripicante de pata negra, yema de corral y pimentón de la vera estaba brutal. El caldito, de profundo sabor a ibérico, llegaba más tarde a otro plato que apetecía hasta sorber.

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El saam de panceta ibérica a la brasa, condimento de mejillones escabechados, shitakes encurtidos, salsa sriacha y “tártara XO” eran unos rollitos de lechuga que uno mismo se tiene que elaborar, con una porción de panceta aliñada de manera fantástica, los mejillones, unos shitakes avinagrados que le dan un punto perfecto y las salsas. Un bocado para repetir.

Terminamos con el dumpling pekinés, oreja confitada, hoisin de fresa, alioli y pepinillos. Muy rico. Genial el crunch de la oreja y la salsa hoisin tuneada.

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Nos gustaría haber probado el pollo en esta visita pero se habían quedado sin él, voló (y nunca mejor dicho). Tampoco había gambas.

Y como llevaba unos días con mono, no me dio tiempo ni a publicar este post que, sin darme cuenta, estaba otra vez sentada en la barra de StreetXo. Y en esta ocasión probamos lo que nos faltaba de la carta aunque repetimos de ramen y sándwich. Pedimos además la Cocotxa y Tuétano a la brasa. Bilbaína y jugo de kimchi con galleta de arroz. Cada vez soy más fan del tuétano y parece que últimamente está de moda.

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Muy ricas las gambas a la quinta potencia (no hay foto): pan de gambas, polvo de gambas, mini gambas blancas, dimsum de gambas y jugo de gambas. Para tomar con cuchara ese caldito de puro concentrado de gamba, jengibre, lemongrass, azafrán…

Y perfecta esa pechuga de pollo a la brasa marinada en chiles dulces con una ensalada andalusí de aceitunas, naranja y especias morunas que tarda media hora, bien merecida, en servirse. Pese a lo complicado que resulta conseguir una pechuga 100% jugosa esta lo estaba. Sirven el plato como por separado pero la unión resulta después fantástica.

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Ya he avisado, volveré. Y pronto. Ahora sólo me queda DiverXo, pero os lo confieso, ya tengo hueco el 3 de diciembre….

Pero antes del 3 de diciembre tengo un evento casi MÁS importante: La presentación de mi libro (El Club del Cupcake) en Madrid, oficial! Será el domingo 1 de diciembre en la FNAC de Callao a las 20h, Pepe Rodriguez Rey (jurado de Masterchef) hará las veces de presentador, podréis probar unos cuantos modelos de cupcakes que llevaré preparados y habrá alguna sorpresita más. ¡Os veo allí!

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