Los bollos de Navidad (y mi sopa de algas wakame)

Somos animales de costumbres y eso, queridos, por mucho que os empeñéis, no me lo podéis negar. Si yo mientras que escribo esto estoy con un Roscón en la amasadora es, única y exclusivamente, porque las tecnologías no me han abducido lo sufiente para estar ojeando al mismo tiempo por lo menos cinco webs de regalos navideños. Sin embargo, mi sopa de algas wakame y yo (Se busca persona, animal o ente que, como yo, desayuna esta sopa)  estamos la mar de contentas y es que para libros y comer, que es en lo que se va mi presupuesto del mes, prefiero hacerlo cara a cara.

Foto de La Voz de Rioseco

Pero centrándonos en lo que os quiero comentar hoy, se acercan fechas clave en el calendario y nosotros, como autómatas, repetimos generalmente los mismos pasos que el año anterior y que el anterior y que el anterior. Llenamos las calles como si no existiese el mañana, abarrotamos las pescaderías en busca de la mejor gamba, decoramos nuestra casa con el mismo Belén o Árbol que el año pasado, os emborracháis hasta las trancas después de las uvas prometiendo siempre que el año que viene no saldréis el 31  y, si tenemos suerte, cambiamos un plato del menú de Navidad, el resto siguen igual que como los hacía nuestra tatarabuela años ha. Al fin y al cabo, ese es parte del encanto de estas fechas, tanto para los que crean en ellas como para los que no. Estar en familia. Hacer rutina. Sentir casa. Porque “casa” es esa zona de confort en la que nos sentimos seguros y protegidos. Nada más.

Mi roscón de Chocolate y Naranja

En mi casa Navidad huele a Roscón de Reyes desde hace unos tres años. Llega diciembre y me pongo frenéticamente a hacer roscones, la cocina se convierte en un laboratorio, mi pequeño horno no tiene ni un minuto de descanso y el salón se vuelve una gigantesca cámara de fermentación para las 16h que la masa madre requiere. Es bonito pero es locura. Y ¿por qué? Pues porque me daba rabia pagar 20 euros por un Roscón de plástico, de esos que se quedan resecos la misma tarde en la  que lo has comprado.  Pero eso no importa, las panaderías se ponen hasta la bandera y la gente lucha a codazos por no quedarse sin su preciado tesoro, la guerra de titanes empieza, todo el mundo quiere llevárselo calentito a casa. Y eso pasa aquí pero también en el resto del mundo: Panettones y Pandoros en Italia que casi han conquistado las tierras íberas. Especias como el cardamomo, azafrán y canela de la bollería sueca (Lussekatt), finlandesa (Pitko) o noruega (Julekake). En Alemania el rey es el Stollen mientras que en los países del este hacen una especie de trenzas con una masa parecida a la del roscón, Chalka se llama en Polonia.
Y ahora me pregunto, ¿habrá estas luchas en el resto de los países? Todavía recuerdo con miedo la cola que se formó en la panadería del barrio el cinco de enero del año pasado, estuve a punto de bajarles un chocolate caliente a todos los que estaban a punto de perder un dedo por culpa del frío.

Sopa-wakame-missmigas

Como hemos hablado de mucho dulce y mucho frío, os voy a dar la receta de mi último desayuno que ha conseguido calentarme un poquito el esternón, aunque sea un tanto extravagante. Lo bueno es que también lo podéis tomar para la comida o para la cena. Por cierto, ¿compráis Roscón o lo hacéis vosotros mismos? ¿Sois de mazapán o de polvorón? Y por último…. ¿Cuál es ese menú navideño inamovible en vuestras fiestas?

Sopa de miso y algas wakame
Serves: 2
 
Ingredients
  • 25gr de algas wakame deshidratadas
  • 2 lascas de jengibre fresco
  • 500ml de agua
  • 10gr de copos de bonito seco
  • 1 trozo de alga kombu
  • sal y pimienta
  • 1 cucharada de pasta de miso blanca
  • Un manojito de setas enoki
Instructions
  1. Preparamos lo primero el dashi: ponemos a calentar el alga kombu con el agua. Cuando suba a la superficie retiramos y añadimos los copos de bonito. Llevamos a ebullición y retiramos del fuego. Esperamos que los copos bajen al fondo y colamos. Ya tenemos nuestro dashi listo.
  2. En una parte del caldo deshacemos la pasta de miso.
  3. Ponemos a calentar el resto del caldo de nuevo e incorporamos las algas wakame, las setas enoki y el jengibre. Incorporamos el miso. Y sazonamos al gusto.
  4. Servimos inmediatamente

 

 

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