Mi adiós a “Blanc De Tòfona”

Hoy toca hablar de los efectos de la crisis económica, que tanto daño está haciendo a negocios y familias en nuestro país y en muchos otros.

Leer los periódicos o ver el telediario es una pesadilla, aunque nos damos cuenta de ella sobre todo andando por la calle y viendo la cantidad de tiendas, comercios o restaurantes que han cerrado.

En este caso me refiero a un restaurante en concreto, que del día a la mañana se ha puesto en traspaso, y esto ha sido una gran pena para la gastronomía en general y para mí en particular, ya que es un sitio que adoro desde que lo descubrí.

Siempre me había llamado la atención desde fuera, ya que paso a menudo por delante, lo que más me estimuló la curiosidad era su nombre: “Blanc de Tòfona” (blanco de trufa en catalán).

FACHADA DEL RESTAURANTE CERRADO

Como hago cada vez que me interesa un restaurante o producto decidí buscar las críticas, opiniones y oferta gastronómica del local en Internet, y al ver que eso todavía me gustaba más que su pinta, decidí proponer este restaurante para la siguiente cena entre amigos. Me encantó. Les encantó. Volvimos, y volvimos con otra gente a quien también les encantó. Vamos, un éxito.

Abierto desde 2009, “Blanc de Tòfona” era un restaurante especializado en el platillo de calidad. A pesar del hecho de que la carta no correspondía al aspecto interior del local (carta sofisticada pero auténtica, interiores rústicos y una decoración que no impresionaba), este sitio se había convertido en mi must particular, hasta el punto de que muchos días iba yo sola a desayunar sus bocadillos hechos al momento (ya que abrían en horario de desayuno también).

El menú del medio día era correcto, de precio medio, pero adecuado al producto y a la calidad que se ofrecía. Las cenas eran su punto fuerte, entre los platos que prefiero están las croquetas de jamón ibérico, el foie con “codony” (membrillo) rebozado en frutos secos con tostaditas, la ventresca sobre verduras (un plato impresionante, mi favorito en el local), los ravioli de calabaza, también destacable el tartar de atún y fresas, las navajas a la plancha con un toque de confitura de piel de limón. En lo que se  guisos, jarrete de ternera de wagyu con cremoso de patata, el rabo de toro con el toque mediterráneo de las aceitunas de kalamata, o arroz con pies de cerdo, setas y espardenyes. Y para terminar… tablas de quesos y postres de ensueño.

DETALLE DE FACHADA CON CARTEL DE TRASPASO

También resultan interesantes las propuestas fuera de carta, sobre todo las que incorporan trufa blanca que además de prestar su nombre al local aparece en sus platos dándoles un toque magistral.

Todo esto regado por los vinos y cavas más adecuados, que la maître más amable sabía ofrecer con una gracia única, un servicio muy bueno y una cocina a la vista de la que salían aromas exquisitos.

En resumidas cuentas, es una auténtica pena que este restaurante ya no nos pueda deleitar con sus especialidades.

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