Decepcionantes Macarons

A menudo os hablo de que los macarons me hacen sentir como una Maria Antonieta moderna, siempre me han encantado, en especial los de Laduree, pastelería de los dioses.

Hace tiempo os comenté que Enrich Rosich ha sabido captar el arte y esencia de este dulce, aunque al ponerse de moda, ahora los hay por doquier, incluso en el Mc Donald’s. En este caso os cuento que una prestigiosa pastelería barcelonesa muy céntrica, Casa Vives, desarrolló una serie de sabores en apariencia irresistibles de macarons, aunque sin lograr texturas ni sabores.

ATRACTIVO ESCAPARATE

Al pasar delante de su escaparate no pude evitar entrar y comprarlos para degustarlos, y lo que tanto estimulaba mi vista, fue rechazado por mis papilas gustativas: demasiado pastosos, pesados y de sabores flojos…

A pesar de lo creativa y estilosa de su propuesta, ya que el escaparate representada por la tendencia clásica, ecológica o técnica de atractiva variedad cromática con sabores como el albaricoque, la lima o los pétalos de rosa. Un triunfo del marketing sobre la buena pastelería.

Ahora vamos a hablar un poco más sobre este dulce glamouroso francés hecho de clara de huevo, almendra molida, azúcar glas y azúcar. El dulce procede del siglo XVIII, surgiendo del horno del pastelero de la corte francesa como cúpulas redondas con base plana parecidas a merengues. Los macarons se hacen de una amplia variedad de sabores, según la confitería y la época del año.

El macaron apareció en la Edad Media, diversificándose hasta alcanzar nuevas formas y nuevos sabores. Oriundo de Italia, el macaron pasó a Francia en el Renacimiento.

En la Edad Media, el nombre macaron designaba dos productos diferentes: primero una tarta, y a partir del siglo XVII un potaje que se comía con queso rallado, canela y azafrán, por eso su origen sigue siendo un misterio. Sin embargo, numerosas ciudades pretenden que nació dentro de sus muros y múltiples leyendas se crearon alrededor de este dulce a base de almendra, azúcar y clara de huevo, crujiente por fuera y blando por dentro.

Algunos lo denominan ‘ombligo del monje’ (Larousse Gastronomique) y sostienen que fue creado en 791 en un convento cerca de Cormery, otros dicen que Catalina de Médicis lo llevó desde Italia.

En la corte parisina de Versalles, miembros de la familia Dalloyau, cuyos descendientes fundarían más tarde la casa gastronómica del mismo nombre, sirvieron macarons a la realeza, de aquí que suela mencionar que me recuerdan a Maria Antonieta.

En la década de 1830 los macarons ya se servían de dos en dos con un relleno de mermeladas, licores y especias. El macaron popular en la actualidad es el macaron Gerbert, creado en los años 1880 en el barrio parisino de Beleville. A continuación, se dio a conocer al público gracias a dos establecimientos: el salón de té Pons del Barrio Latino de París, que ahora ya no existe, y la adorable y divina casa Ladurée, es la que inventó el concepto moderno de este dulce cuando a partir de mediados del siglo XX les dio un tono pastel u otro para diferenciarlos en función de su sabor, sin duda los suyos son los mejores.

 

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