San Solterín

A estas alturas queda claro que estoy soltera y sin compromiso, aunque eso no impide que pueda celebrar un viernes tan bonito y soleado con mis chicos en una magnífica calçotada cerca de Sitges.

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Antes de empezar con el relato, os contaré un poco más sobre los orígenes de esta costumbre y su alimento principal, el “Calçot” viene del hecho de que en su cultivo se amontona tierra sobre los brotes que crecen de la cebolla inicial (“calçar la terra sobre la planta”). Esto se hace para conseguir un tallo blanco de unos 20 a 25 cm.

El origen de los calçots es tan sencillo como el de todas las grandes delicias de la gastronomía: su descubrimiento se atribuye a Xat de Benaiges, un campesino de finales del siglo XIX de la zona de Valls (Provincia de Tarragona), que por descuido, preparó a la brasa unas “cebollas” que sobrecalentó. Se quemaron todos por la parte exterior y, en lugar de tirarlos, peló las capas más externas quemadas, descubriendo que su interior estaba muy tierno y sabroso.

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Pues sí, mis chicos y yo la hemos vuelto a liar, esta vez en el restaurante Can Lloses (Carrer de Milà 0,Sant Pere de Ribes), donde nos hemos pegado un banquete al más puro estilo catalán.

Tra sun percance con el coche, esperando el RACC tomando alguna que otra copichuela de cava acompañada por fuet de Vic en casa de nuestro habitual Buen Anfitrión, nos dirigimos hacia esta masia regentada por unos hermanos muy salados, a los que divirtió mucho ver a esta mesa de locos un viernes al medio día, entre familias y grupos de jubilados.

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Tas una ingestión masiva de estas riquísimas cebollas a la brasa bien bañadas en salsa Romesco, tomamos unas carnes a la plancha, como tiene que ser. Todo regado por el tinto recomendado por la casa, el Tinto Crianza Gran Toc (2009, D.O. Penedès. Merlot, Tempranillo)

La carta de Can Lloses ofrece especialidades de la más tradicional cocina catalana con entrantes desde la innegable ensalada de la casa, a los surtidos de embutidos ibéricos, a la esqueixada de bacalao y espárragos con mayonesa, a la tostada de escalivada y anchoas o la coca de cebolla y botifarra.

No pueden faltar el caldito con pasta, la escudella, los canelones caseros o la Cassoleta, especialidad de la casa parecida a una fabada.

Como platos principales no abandonamos la tradición más arraigada con, además de las carnes a la brasa con sus imprescindibles mongetes, encontramos los peus de porc (pies de cerdo) con salsa, el fricandó de ternera con guisantes o con setas, el entrecote a la pimienta o al Roquefort, el conejo con samfaina o el pato mudo del Penedés con peras.

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Carajillos y chupitos al sol, risas y confesiones, amistad. Para luego seguir la noche camino a Barcelona para terminar cansados y felices. Para recordar siempre este especial San Solterín.

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