Pollo con salsa de ostras

Hace poco me lo preguntaron, ¿te fías de las salsas estas que venden los chinos? Antes de contestar me entró la risa. Mi contestación empezó con un: “Hooombreeee, fiarme fiarme…”. El caso es que lo de vivir fiándose de la industria alimentaria con sus loobies y sus engaños en vivir dándole emoción a  la vida como el que hace puenting o cosas similares. A veces pienso en esos menús, que proliferan por mi ciudad, llamados Wok. Demasidado baratos para tener entre su buffet sushi, gambas y cosas de esas que sabemos que para ser buenas  debería tener otro precio.  En mi caso mis Woks me paracen bastante más buenos que esos que hacen comida rápida asiática (por llamarle de alguna manera, son el Mc. Donalds de los orientales), aun sabiendo que alguna de esas salsas que hacen de esos Woks un algo más auténtico son compradas en el chinorri de mi barrio. Me queda en consuelo que todo lo demás es de una muy buena calidad y que esa pequeña cantidad de salsa de un bote con letras en chino es un pequeñísima parte. Me tengo que consolar de alguna manera para no pensar en la calidad de las cosas que vienen de china. Tampoco me puedo creer que todo lo que es de procedencia nacional es un buen producto. Todos sabemos que todas esas etiquetas, la gran mayoría de ellas no garantizan nada porque no pertenecen a ningún colectivo que tenga que pasar por unos requisitos y nosotros nos lo creemos. Carteles como: “Aceite de oliva” en unas galletas y que mires la letra pequeña y del porcentaje de éstas grasas sólo ocupen el 3% de ellas y puedan ponerte esta etiqueta para que pienses que estas comprado algo bueno. Por no hablar de las leches enriquecidas, verduras enbolsadas atiox (como si las demás verduras no tuvieran ésta cualidad), yogures con extra de bifidus (todos los yogures tiene bifidus). Hay sectores del supermercado que parece una farmacia, pero una farmacia de verdad no una de esas que tenía mi bisabuela en su casa del pueblo, de aquella época dónde la gente se medicaba con plantas y de manera natural, parece una farmacia de las de hoy en día.

Cómo fiarse de lo que comemos, como fiarse de lo que compramos. Desde la polémica de la carnde de caballo sin etiquetar ya no nos queda ni leer la etiqueta, por otro lado imposible a menos que dispongamos de 5 horas para hacer la compra. Nos tenemos que dejar llevar por la corriente, pensar que hay detrás una industria que lo quiere hacer bien (lo estoy escribiendo y no me lo creo ni yo). Lo que más me cuesta es pensar que lo que comemos no tiene ninguna repercusión a largo plazo, que todas esas enfermedades que acaban con nosotros no vienen de lo que comemos, de lo que respiramos y del estrés de vida que llevamos. Sí, lo sé, también vivivmos más años que nuestros bisabuelos pero sigo pensando que hay unos cuantos responsables de que un porcentaje muy grande de la población caiga en las garras de esa enfremedad tan fea llamada cáncer.

Me viene esa frase a la cabeza: “somos lo que comemos”, ahora sólo tenemos que saber qué es lo que comemos.

pollo con salsa de ostras

Ingredientes.

Pechuga de pollo

Brócoli

Cebolla

Zanahoria

Salsa de ostras

Salsa de soja

Aceite de oliva virgen extra

Proceso.

Siempre os digo que para este tipo de platos tenemos que tener los ingredientes preparados. Empezaremos cortando la zanahoria en tiras, el brócoli en pequeños arbolitos y la cebolla en juliana ancha. El pollo lo cortaremos en dados de tamaño que se puedan comer de un bocado sin necesidad de cortarlos. Pondremos aceite de oliva virgen extra en una sartén, cuando esté caliente añadiremos el brócoli, segyido echaremos la zanahoria, por último la cebolla y un par de cucharadas soperas de salsa de soja. Saltearemos todo conjuntamente, haremos un hueco en el centro de la sartén y añadiremos los trozos de pollo con otro poco de salsa de soja, cuando haya perdido el color crudo aádiremos dos cucharas soperas de salsa de ostras. Cocinaremos todo conjuntamente a fuego medio durante un máximo de 5 minutos. Si véis que se queda sin salsa podéis añadir un poco de agua.

proceso

¡Buen provecho!   On egin!

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