Comida en Luzi Bombón

Mira que es cursi el nombre de este restaurante que acaban de abrir los del grupo Tragaluz en el Paseo de la Castellana. Busco en la web a ver si hay algún motivo cultural o folclórico para este extraño bautizo que se me escape, pero no encuentro nada que me dé pistas sobre el asunto.

Me voy por las ramas y tenemos que centrarnos en el tema culinario. El caso es que Luzi Bombón es el nombre del último éxito del grupo empresarial catalán Tragaluz. Es ahora el “must” gastronómico del Madrid divertido, elegante y desenfadado. No eres nadie si no has estado allí todavía y sus interminables listas de espera así lo atestiguan.

 

 

 

 

 

 

 

Yo quedé el otro día con mi amiga Mar para comer (Por cierto, ella me puso sobre la pista de este sitio. Está siempre a la última)  y me sorprendió muy agradablemente la experiencia. No es que pensara que fuera a ser un mal sitio para comer, pero  la verdad es que la cocina de Luzi Bombón (¡Puajjj, qué asco de nombre!) es de una calidad más que notable.

Antes de empezar a hablar sobre la comida en sí,  quiero hacer notar que los espacios del restaurante son de una amplitud y una luminosidad dignos de elogio. Al local, -Castellana 35-, se accede por una puerta diminuta y todavía en obras en la calle Rafael Calvo. Este indigno acceso se olvida enseguida al entrar en el restaurante. Lo dicho: luminoso, amplio y bien decorado (eso no lo dije, pero lo digo ahora). Está dispuesto en dos niveles y las cocinas se ven desde el restaurante a través de unas descomunales cristaleras. Las mesas son amplias y están separadas entre sí. La zona de barra es un Oyster baral estilo neoyorquino donde también te pueden servir  platos del menú. El “maître de las ostras”  (no sé si tiene nombre profesional esta categoría de connaisseur ostrístico) se enrolla bien y se nota que conoce el producto.

La carta es sencilla y articulada alrededor de unos pocos platos que se cocinan al carbón. Las salsas y los acompañamientos son ya un poco más sofisticados e intercambiables con la mayoría de los platos. Las entradas son originales y en la línea de picoteos étnico/pijos. Nosotras empezamos por un ceviche de bogavante y seguimos con un solomillo de ternera al carbón, -exquisito y escasito,- acompañado de una salsa de mostaza, unos tirabeques al curry y un agridulce de berenjena. Los acompañamientos buenísimos, tanto los tirabeques, crujientes y sabrosos, como las berenjenas, estilo chutney. El ceviche también muy rico y fresco. Ni media pega.

También proponen en la carta una variedad de arroces al carbón para dos personas que tienen muy buena pinta: de verduras a la brasa, de burifarra setas y espárragos, arroz negro…La idea es apetecible, pero me comentó mi amigo Ivan, que eligió esta opción  un día que estuvo comiendo allí, que el resultado fue un arroz carbonizado que fue devuelto a los fogones y que tuvieron que volver a preparar en cocina, con el consiguiente retraso de 20 minutos en la operación. ¡Enfín, mala suerte siempre podemos tener!

De postre tomamos unas fresas con nosequé que estaban bastante buenas y sabían a fresa. Raro, ¿eh?.

Salimos, con pan , un par de cervezas y dos tés, por unos 40 euros  cada una. ¡Vamos,carete!

Me gustó tanto el sitio, que  a los dos día llevé a mi marido a tomar unas ostras con champagne en la barra y acabamos cenando en la misma barra, una opción muy agradable poco explotada en los restaurantes españoles. A mí las ostras no me van, pero a Jose –mi costilla- le encantan y disfrutó con la experiencia. Muy amablemente nos orientó en la selección de las ostras el encargado del tema (sigo sin saber cómo llamar este oficio).

El ambiente nocturno me gustó menos. El restaurante estaba muy animado pero la clientela era ya un poco más heterogénea. Vamos, que había un cierto fulaneo entre los comensales del oyster bar. No es que a mi edad me escandalice, pero la verdad es si me fijo en el colorido plumaje de las pájaras de turno, me distraigo en la conversación y en dar buena cuenta de las viandas.

Restaurante muy recomendable con fantástico entorno, buena comida y  ambiente divertido. Seguro que se convierte en el éxito de la temporada

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