Ginebra y gominolas

En estos últimos días he hecho un par de descubrimientos “pseudoculinarios” que quería comentar.

La culpable de ambos descubrimientos es Marta, la mujer de un amigo de Jose a la que conozco hace relativamente poco tiempo. Javier, el amigo de mi marido, tiene con sus hermanos una empresa de  alta fidelidad e imagen que se llama deCine Audiorema  (C/ Vargas, 4 Madrid). Una pasada. Yo no entiendo mucho del tema (bueno, no entiendo nada) pero a Jose le gusta enredar con equipos de música y trapichear con lo que va desechando y la tienda de Javier es su perdición. Fruto de esa afición nació su amistad con Javier y, a través de ella, la mía con Marta.

Marta tiene mucho peligro. Me explico. Es una monada de niña que disfruta mucho de todas las cosas y trasmite ese entusiasmo a los demás. En el tema del buen comer y el mejor beber, es un crack . El otro día estuvieron cenando en casa y se presentaron con dos regalos que me han encantado.

Trajeron una botella de ginebra Ginself riquísima. Para que se entienda el detallazo, anteriormente habíamos hablado de nuestra pasión compartida por los gintonics.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La ginebra Ginself es española (de Benicasim, exactamente) y se elabora mediante un complicado proceso de triple destilación en un solo alambique de una mezcla de botánicos tales como enebro, naranja, mandarina, limón, chufa..,. Esta mezcla ha sido  anteriormente macerada durante un día en alcohol de remolacha y agua de la Sierra de Espadán.

No sé si estas complicaciones son generales en todo proceso de fabricado de ginebra. Me temo que sí. El resultado es una ginebra suavemente aromática con predominio de la mandarina, que hace unos gintonics de muerte.

También fue Marta la encargada de preparar las copas el día que estuvieron en casa y, la verdad es que el gintonic me supo a gloria. Como a mí me gusta: poco cargado de ginebra, con la tónica Schweppes de siempre y su twist de limón. ¡Uhmmm!

El otro presente con el que, valga la redundancia, se presentaron, fue una caja de golosinas suecas Oomuombo, que no conocía y me parecieron un puntazo. De hecho, cuando quise hacer la foto para el blog, me encontré que ya nos habíamos zampado más de la mitad de la caja y tuve que tunear la foto un poco.

 

 

 

 

 

 

 

Recomiendo a  los aficionados a las chucherías una visita a cualquiera de las tiendas de Oomuombo (en Madrid hay en Fuencarral y Nuñez de Balboa).

¡Ah! Ahora que se habla tanto de maridajes entre comidas y bebidas, puedo asegurar que las chuches maridan perfectamente con los gintonics.

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