Restaurante Las Batuecas y a vueltas con el hígado encebollado

El otro día me invitó a comer mi antiguo jefe, y sin embargo amigo, Pablo.

Como en “De fogones y hombres” publico urbi et orbe mis preferencias culinarias, Pablo estaba enterado de lo mucho que me gusta el hígado encebollado. Me llevó a comer a un restaurante de esos de Madrid de toda la vida, donde  sirven un hígado encebollado exquisito.

Las Batuecas (Reina Victoria, 17) es un restaurante con vocación de casa de comidas. Ha sido remodelado hace unos años perdiendo, a mi gusto, algo de su sabor, pero manteniendo intacta su extraordinaria cocina.

Son clásicos en su carta entrantes como la tortilla de patatas con callos, las croquetas de atún, los puerros gratinados y las judías verdes como las de casa. De segundos, son especialidad los calamares en su tinta, el bacalao al pilpil y las buenas carnes. La experta mano de Rosa, la cocinera, se nota también en un repertorio de postres tradicionales donde el arroz con leche y las natillas tienen una pinta estupenda.

Como nuestro objetivo era atacar el hígado encebollado, nos centramos en el tema y no dejamos que nos distrajera de nuestro empeño otras suculencias. Miento, de primero compartimos unas berenjenas fritas con salsa de miel, que estaban riquísimas y nada grasientas.

Por fin, pasamos al famoso hígado. Bueno: de diez. El plato es un buenísimo filete de hígado de ternera cortado muy finito, frito y enterrado en una capa de cebolla pochada. No es como yo estoy acostumbrada a tomar el hígado encebollado, pero está de muerte y debo reconocer que, de esta forma, se aprecia mejor el sabor de la carne. No podían faltar las patatas fritas “de verdad”.

No tomamos postre porque tras la comida cada uno volvía a sus respectivas ocupaciones y estábamos un poco pillados de tiempo. Una pena, porque ya he comentado el buen aspecto que tenían los postres caseros del carrito.

Una comida más que agradable. Además, con la ayuda de un par de copas de un excelete Ramón Bilbao, estuvimos poniéndonos al día de proyectos, preocupaciones, literatura, familia, cine  y,  en general, del trascurso de la vida desde que no nos veíamos. Muchas gracias, jefe.

 

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