Pollo al curry. La receta de mi hijo Ignacio

El otro día nos invitó Ignacio a cenar a su casa. ¡Ya tengo un hijo independiente, cómo pasa el tiempo!

No es pasión de madre: el pollo al curry que nos preparó para cenar estaba buenísimo.

Hay muchas maneras de preparar un pollo al curry y todas son relativamente sencillas y agradecidas. El pollo -sobre todo el pollo de hoy en día- no tiene mucho sabor. Una preparación “subidita”, como puede ser al chilindrón o al curry, mejora infinitamente el resultado final.

Ignacio preparó el pollo con diferentes tipos de verdura. El plato quedó ligero, con vistoso colorido -la foto no le hace justicia de este aspecto- y delicado sabor. Lo acompañó con un arroz blanco, cuya técnica, me temo, tiene que seguir mejorando.


Pollo al curry

Ingredientes

  1. 1 cebolla
  2. 1 pimiento verde
  3. 1 pimiento amarillo
  4. 250 gr. de setas
  5. 1 calabacín pequeño
  6. 1/2 kg. de pechuga de pollo en trozos
  7. un chorrito de vino blaco
  8. 3 cucharadas de curry en polvo
  9. un poco de nata líquida
  10. aceite y sal

Elaboración

  1. En una sartén con un fondo de aceite caliente se van salteando las verduras, cortadas en trozos grandes. Lo último que se agrega es el calabacín.
  2. Se añade el vino blanco y se deja cocer ligeramente. Se pasa a una fuente y se reserva.
  3. Se salan los trozos de pollo y se doran en la misma sartén.Cuando esté casi hecho, se vuelven a incorporar las verduras, para que se acabe de cocinar todo junto.
  4. Se añade el curry y la nata líquida.
  5. Se prueba y se rectifica de sal.
  6. Se sirve caliente acompañado de arroz blanco o de unos tallarines hervidos

Tiempo de preparación: 10 minutos

Tiempo de cocción: 30 minutos

Comensales: 4

La receta sale buenísima, doy fe porque repetí. Como Ignacio vive en un quinto piso sin ascensor, pensé que ya había gastado las suficinetes calorías.

Fue un encuentro algo agridulce -al menos para mí, Jose no creo yo que repare en estas sentimentalidades-. Por un lado te enorgullece que tu hijo se maneje estupendamente en su vida adulta, por otro te da pena que ya no le haga falta para nada su mamá. Aunque, desde luego, un balance sensato de Mamá Gallina sería: “Uno menos en el nido. ¡Misión cumplida!”

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