Valencia. Una importante oferta gastronómica

Este fin de semana hemos estado en Valencia y he vuelto encantada.

Hacía mucho tiempo que no visitaba esa ciudad y la he encontrado preciosa, muy cambiada y con muchas cosas que ver, hacer y….¡comer!

Para empezar, lo de llegar en AVE en una hora y media, desde Madrid, es un puntazo. ¡Vamos!, que merece la pena incluso ir sólo a pasar el día: un museo, un paseo por el Mercado Central, una comida en uno de los muchos y buenos restaurantes que tiene la capital del Turia, una visita a la parte nueva: la ciudad de las artes y las ciencias  y…vuelta para casa absolutamente agotados, pero con otra hora y media para dar una cabezadita reparadora en el tren.

Nosotros -Jose y yo- fuimos con mi hermana Pachi y Damián -mi cuñado favorito- Ellos optaron por la opción Ave y viajeron como duques. Como a Jose le gusta conducir, me llevó por carretera, que no está mal, pero que es más lento  -unas tres horas-.

Nos alojamos en Mas de Catinicattí, un cortijo rodeado de naranjos que se encuentra en Vilamarxant -a uno 30 km. de Valencia-  y que es un lugar delicioso. Amplias habitaciones que dan a jardines o a la piscina, un área de spa muy agradable y bien atendida, un restaurante, una cafetería, tenis, pádel… Todo ello encerrado en un mar de naranjos y un cuidado paisajismo.

Los desayunos en la finca, muy ricos: con unos zumos de naranja y mandarina que no tienen nada que ver con los que tomamos en Madrid, por mucho que te lo curres. De fruta, ponían una macedonia natural con muy buena pinta, pero yo me lanzaba a unas jugosas naranjas preparadas.

Bollería rica, sobre todo un brownie que se deshacía en la boca. Luego, lo de siempre (bueno, lo de siempre que gozamos del lujazo de un desayuno en un buen hotel): fiambres, tostadas, tomate y aceite… ¡Ah! y un buen café.

La masía cuenta con un restaurante, El Cadec, con una carta de lo más apetecible y de precio razonable y, lo que llama un Jardín Bar, que se trata de una especie de cafetería donde se pueden comer unos platos en plan raciones, muy ricos y bien elaborados.

Esta fue la opción que elegimos para cena de uno de los días y compartimos un par de ensaladas, salmón, un revuelto y unos quesos. Todo en su punto, muy bien presentado y bien de precio.

Muy curiosa la variedad de cervezas que ofrecen. Yo probé una de Tarragona que se llama Rosita -menudo nombre- y me gustó. Es de trigo y malta y está rica, aunque, a la larga cansa un poco. Prefiero las cervezas lager doradas, más ligeras y ácidas.

Un sitio que no hay que dejar de ir a ver si nos encontramos en Valencia es su precioso Mercado Central. Una joya arquitectónica modernista y un lugar para que los comilones disfruten de lo lindo. Además de lo normal en un mercado español (carnes, pescados, embutidos, fruta…) estupendos productos de la región de Valencia. Yo compré aceitunas buenísimas, chufas, longanicetas de pascua y almendras.

 

 

Visitamos también otros restaurantes excepcionales que se merecen entradas especiales en De Fogones y Hombres. Ya irán apareciendo.

El fin de semana que pasamos en Valencia fue el más frío desde hacía cincuenta años. Una pena, poque no me quiero ni imaginar lo que tiene que ser Canicattí con buen sol valenciano. ¡Otro motivo para volver!

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