Merienda en El jardín secreto

El otro día estuve merendando con mis amigas de toda la vida, Cristina y Almudena.

Nos conocemos desde niñas y siempre que nos vemos lo pasamos muy bien juntas. Como vivir en Madrid no facilita el encontrarse, no nos reunimos todo lo que quisiéramos porque no somos precisamente vecinas y las tres tenemos líos familiares y profesionales que nos condicionan.

Todo este rollo es para justificar que en esta ocasión nuestro encuentro fue alrededor de una mesa de merienda. Una costumbre que creo que no está muy de moda en la actualidad.

Resulta que, por diversas circunstancias ajenas a nuestra voluntad, quedamos en un sitio muy recomendable para tomar un chocolate o un té a media tarde, un cocktail antes o después de cenar y hasta una comida o una cena. Nos lo recomendó Cristina, la hija de veinte años de mi amiga y debo reconocer que la media de edad en el local, estaba más cercana a la suya que a la nuestra.

Estoy hablando de El jardín secreto (Conde Duque,2). Este pequeño espacio -no sé si decir que es un restaurante, una cafetería o un pub- tiene un encanto especial.

Está siempre lleno de bote en bote, aunque no se encuentra en los circuitos normales de zona comercial o de cines. La decoración es ecléctica y un poco recargada y los sitios no siempre son muy confortables -según la silla que te toque: no hay dos iguales-.

Bueno, pues pese a todo estos pequeños inconvenientes, que me temo que son fruto de que este sitio está pensado para clientes veinte o treinta años más jóvenes que nosotras, creo que es una recomendación estupenda para cualquier edad.

Tomamos unos chocolates buenísimos- hay más de diez opciones diferentes en la carta- y unas tartas muy bien hechas.

Los dulces son caseros y originales. Probamos tres de los más clásicos: tarta de zanahoria, cheese cake con chocolate y tarte tatín. Las tres tartas muy buenas, sobre todo la mini tarte tatin, servida con un bol de nata.

 

Aunque no era nuestra intención quedarnos a cenar, se nos hizo bastante tarde y observé que en otras mesas servían una apetitosa oferta de productos salados y algo más consistentes: sandwiches, ensaladas, pizzas, platos de pasta, crepes, carpaccios. guacamoles … Todo -me fijé en la carta- a unos precios más que razonables.

Los cocktails eran también muy sugerentes. Nos esperan para otra ocasión.

Al salir, tuve que pasar por la puerta del cercano Palacio de Liria para recoger mi coche. Vi entrar a su casa a Cayetano. ¡Os lo juro!

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