Comer -mal- en Venecia

El fin de semana pasado estuve en Venecia con mis hermanas Pachi y Eugenia y nuestra amiga Vicky.

Las cuatro nos hemos compinchado para hacer de vez en cuando escapaditas de fin de semana a sitios chulos a los que los maridos/novios no están muy interesados en ir. Es un plan estupendo que casi siempre tiene como destino final alguna ciudad italiana a la que volamos aprovechando unos billetes de avión baratos que sacamos con mucha antelación.

Nos repartimos las tareas, de forma que cada una prepara un aspecto del viaje: localización y reserva de billetes y hotel, alquiler de coche, museos que visitar, restaurantes… Lo pasamos estupendamente y nos cunde el tiempo una barbaridad. Llegamos siempre a casa hechas unos zorros de las palizas de andar y madrugar que nos metemos pal cuerpo, pero… sarna con gusto, no pica.

Pues la última escapada ha sido a Venecia. ¡Qué os voy a decir. Una verdadera gozada! Hemos tenido la suerte de encontrar un tiempo fresco y luminoso sin una sola nube (y sin olores extraños en los canales) y una ciudad sin demasiada gente, cosa que no es habitual.

Por contra, en asuntos de comer, no hemos estado muy finas.

Como Venecia tiene la merecida fama de ser carísimo para comer, no nos molestamos demasiado en indagar sitios en los que se comiera bien que no fueran los consabidos Quadri o Danieli, donde se come estupendamente pero, eso sí, tienes que dejar un órgano al irte.

Comimos donde nos fue pillando la hora de la comida o la cena y, la verdad, es que las pausas gastronómicas estuvieron dedicadas, más que nada, a descansar nuestros molidos esqueletos.

No es cierto el decir general de que “en Italia la pasta está buena en cualquier sitio”. Pedimos en la Trattoria da Gigio (Campo San Leonardo Venezzia) unos spaghetti al nero di sepia que no estaban para tirar cohetes. Allí mismo, sin embargo, comimos un riquísimo fegato a la Veneziana (hígado encebollado)  servido con polenta.

Uno de los días nos acercamos a Burano, pequeña isla de pescadores con deliciosas casitas de colores que dan a los canales que la atraviesan. Allí se imponía pedir algo de pescado y tomamos una frittura di calamari y unas sarde in saor (sardinas en escabeche, receta también típica de Venecia). Los dos platos, muy ricos.

Lo que sí estuvo muy bien elegido -Pachi es un crak- fue el hotel: Al Bailo di Venezia (Fondamenta San Lorenzo 5056) es un aparthotel limpio, céntrico, espacioso y de módico precio donde nos atendieron estupendamente. Más que recomendable. Esta foto es la vista del canal desde nuestro apartamento.

 

Ahí va la receta de las Sarde in Saor de Corto Maltese

Sardinas en escabeche

Se limpian las sardinas, se lavan y se secan.

Se enharinan y se fríen ligeramente por los dos lados.

Se sacan de la sartén y se colocan en una fuente honda, preferiblemente de barro.

En el aceite de freír las sardinas, se fríe mucha cebolla en rodajas hasta que esté dorada.

Cuando esté hecha la cebolla se añade vinagre, piñones, uvas de málaga y unos trozos de piel de naranja. Se mezcla todo bien y se deja que cueza junto unos minutos.

Se vierte este escabeche sobre las sardinas y se deja reposar unas horas antes de comerlas.

Se conserva muy bien bastantes días en nevera

 

Bueno, pues pensándolo bien, no ha estado tan mal, gastronómicamente hablando lo del viaje a Venecia ¿no?

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