Restaurante Lúa

Me había comentado mi prima María que conocía un restaurante estupendo y teníamos pendiente organizarnos un homenaje en plan “cena de chicas”: ella, Blanquita y yo.
Resulta que, como el hombre propone y Dios dispone, el estupendo plan de amigas pasó a ser una comida familiar en toda regla con Jose y los chicos.

Últimamente estamos más “apiñatados” que los Molina en Ibiza. Eso está muy bien y además, alrededor de la comida… ¡nos estamos dando unos homenajes!
Pues a lo nuestro, estuvimos comiendo en Lúa (Eduardo Dato, 5)
Es un restaurante de autor -ya sé que decir esto es una cursilada- pero no se me ocurre así a bote pronto otra forma más directa y que se entienda tan bien.
En este amplio y luminoso local de Eduardo Dato, el cocinero Manuel Domínguez elabora una comida creativa, sofisticada y muy conseguida.
El restaurante ofrece un menú degustación, que nos permitió apreciar todas las exquisiteces que nos fue preparando el cocinero.

Los entrantes consistieron en un aperitivo muy imaginativo en el que nada era lo que parecía: un falso tomate de queso, anchoa y piquillo, una aceituna esférica que estallaba en la boca y una caña de cerveza que en realidad era de mosto y ajoblanco. Todo como en un juego, las texturas y los sabores se mezclaban engañando a los sentidos. El resultado excepcional.
A continuación tomamos Foie micuit con queso San Simón caramelizado sobre arepa de maíz y compota de manzana. Buenísimo.
El último entrante consistió en un huevo pochado sobre un puré de patata que ponía los pelos de punta. Nunca con ingredientes tan básicos he probado algo tan rico.

Como platos principales tomamos una Raya en caldeirada con arroz verde de apio, chile y algas wakame que estaba para quitarse el sombrero y una porción de cordero recental caramelizado a baja temperatura sobre verduras salteadas. Todo el sabor del cordero sin nada de su pesadez.

Como postre Manuel Domínguez vuelve a las andadas de los jueguecitos. Su versión de piña colada consistía en un falso coco de chocolate con una textura muy bien conseguida acompañado por una espuma de piña.

La carta de vinos amplia y bien escogida, era de un precio razonable, en el que el descorche se incluía aparte. Eso sí, peso a tanto buen vino, los que nos decidimos por empezar el aperitivo con cerveza la mantuvimos durante toda la comida. Ofrecen Estrella de Galicia 1906 y esta estupenda, no tiene nada que envidiar a ninguna cerveza belga.

En resumen, un restaurante al que merece la pena acercarse. La calidad de la cocina es superior, el servicio excelente y el precio muy razonable para un restaurante de esta categoría.

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