Ensalada de tomate y parmesano

Al final todo lo bueno se acaba y las vacaciones de verano, por mucho que nos empeñemos en alargarlas, no son una excepción.

Este año, como casi siempre, hemos estado pasando el mes de agosto en Luarca.

Aunque por diversos motivos -entre otros la mala conexión a internet de la que gozamos en ese pueblo, o por lo menos en mi casa-, he estado un poco vaga en cuanto a escribir para de fogones y hombres. De todas formas he recopilado mucha información sobre restaurantes, recetas, ingredientes y consejos culinarios que pienso ir llevando a estas páginas en cuanto me pueda poner con calma a ordenar la documentación recopilada y a aclararme un poco las ideas.

Como siempre, hemos comido cosas muy ricas en los estupendos restaurantes que tiene Luarca: Casa Consuelo, El Sport, La Farola… No sigo enumerando porque no quiero dejarme ninguno en el tintero y porque al frente de todos ellos hay magníficos cocineros y además magníficos amigos nuestros y no quiero herir susceptibilidades.

Como hemos aprovechado también para hacer alguna escapada por la zona con “happy end” -comida o cena en algún sitio más que recomendable- ya os iré reseñando estos otros restaurantes que hemos conocido, además de seguir dando algunas receta e ideas riquísimas de nuestros restaurantes luarqueses de siempre.

La verdad es que para empezar la temporada de otoño, culinariamente hablando, voy a poner una entrada de lo más simple, pero que ayer, mientras recogía maletas y preparaba la comida, fui corriendo a coger el iphone para inmortalizar el plato por la buenísima pinta que tenía: se trata de una simple ensalada de tomate. Pero qué tomate!!!!

Mi amiga Paloma me trajo de Paredes  -una preciosa población cercana a Luarca de donde procede su familia- unos “tomatinos” (y pimientinos, y patatas y judías verdes y huevos de corral…..Vamos, que se trajo media huerta de su madre!

Cuando llegamos a casa preparé una ensalada  simplemente con esos tomates. Teníais que ver el tamaño de los tomates y sobre todo su aroma. Los preparé con un buen aceite de oliva, sal Maldon y unas lascas de queso parmesano. No veais lo riquísismos que estaban

Lo que sí hice, para que el placer fuera, si cabe, mayor, fue pelar los susodichos tomates.

Nos gustó tanto que por la noche repetimos, aunque en vez de parmesano al tomate le pusimos un poquito de cebolla picada y unos buenos trozos de melba canutera. Una pasada de cena: sana, digestiva y la mar de sencilla de preparar!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Espero que  cuando tengáis unos buenos tomates -cosa cada vez más complicada de encontrar en los comercios que solemos tener a mano- hagáis este par de sencillas ensaladas.

Un placer estar de nuevo con vosotros.

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