Restaurante La Granja rural food. Pollos de los de antes

Pues ya hace todo un año desde que los amigos de Luarca que andamos por Los Madriles, convocados por Mimina, marcamos el inicio de laNavidad tomando un magnífico cocido en La Bola. ¡Cómo pasa el tiempo!

Parecía complicado superar la comida y la organización de la comida pre-Navidad del año pasado, pero no hay obstáculo que a Mimi se  le resista. Este año nos ha llevado a todos -y éramos tropecientos- a comer a un sitio de esos de los que no abundan: comida sencilla, hecha con materias primas certificadísimas, recetas de toda la vida, ambiente entrañable y servicio exquisito.

Me estoy refiriendo al restaurante La Granja-Rural food. (Ferraz, 36). En su publicidad se definen como “comida de campo en época de vacas flacas“. Pues es verdad, tomamos unas cosas riquísimas con el inconfundible sabor de la comida que no ha pasado por las grandes superficies.

Todo el restaurante está decorado con muy buen gusto y mucha imaginación. Su dueño, Rodrigo Ramírez, entre otras cosas fundador del Canal Cocina,  es un artista que se ocupa personalmente de todos los detalles, tanto decorativos como culinarios. Nos dice que está continuamente reinventándose para ir lidiando la delicada situación que vive la hostelería. Ése es el espíritu que hay que tener para salir cuanto antes del hoyo en el que estamos.

Pues cuando llegamos a La Granja Rural food toda la recua -habíamos estado tomando el aperitivo en Rosales 20, otro sitio para no perder de vista-,nos ubicaron en un salón sólo para nosotros, para nuestro regocijo y el del resto de clientes, que así nos perdían de vista y sobre todo “de oído“. El comedor, en un agradable estilo “rural chic”, tenía unos detalles de decoración  imaginativos y elegantes y resultó el marco ideal para la comida y el ambiente festivo que disfrutamos después.

El menú fue de lo más navideño: unos aperitivos ( escalibada con escabeche de perdiz, champiñones rellenos, tomate con anchoas, cortezas de jamón Sánchez Romero…)luego nos sirvieron un consomé riquísimo -con yema o con jerez- y, por último, el plato estrella: un pedazo de pollo de corral, relleno de frutos secos -orejones, dátiles, ciruelas pasas- , manzanas y no sé qué otras cosas más (bueno, sí las sé, porque Rodrigo nos explicó cómo se hacía: además de meterle al pollo toda esa fruta “pa dentro”, también se le rellena de una pelota de pan con mantequilla y coñac. El secreto, aparte de esta receta, está en la buena materia prima y en un buen horno en el que el bicho se pueda ir haciendo despacito y dorándose por todas las partes.  Estaba jugosísimo y daba gloria comerlo. El pollo en cuestión venía acompañado por un puré de frambuesas y otro de  patata, casero, casero.

 

Dimos buena cuenta del pollo y pasamos al postre: una tarta de limón, tipo la de Embassy, pero menos empalagosa. Y que conste que a mí la tarta de limón de Embassy me priva, ¿eh?

Bueno, pues todo este lujazo de comida, con vinos buenos, cervezas previas y orujos y cafés, nos costó 35€ por persona. Vamos, que salimos de allí encantados.

A ver cómo vamos a poder mejorar esto para el año que viene. Lo veo complicadísimo, o sea que tendremos que repetir pero antes de que pase un año hay que volver a La Granja Rural food para probar, sus huevos camperos fritos con patatas, sus carnes recién traídas de La Losa o sus verduras también de huerta ecológica. La excelencia en la sencillez.

 

 

 

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