Fresas con chocolate. Feliz San Valentín

 

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Como cada año, en cuanto va llegando a el mes de febrero, desde los grandes almacenes, hasta las mercerías más cutres, se emperifollan de corazones de color rojo y de ofertas imbatibles de joyas, perfumes y quicallería diversa. Ni en las teleseries norte, sur y centroamericanas, ni en los más sesudos programas de radio de debate, se puede dejar de hablar de lo importante que es para la estabilidad de las parejas el que se celebre como es debido -regalo, fin de semana en hotelito con encanto y/o cena espectacular, con velitas y champagne-, el fatídico día 14 de febrero: San Valentín o Día de los Enamorados.

Pese a que esta ridícula costumbre se va metiendo entre las entretelas culturales de nuestro entorno, las parejas nunca han durado menos ni han resultado más inestables. Y perdón si ofendo con estas rotundas y cínicas afirmaciones a algún cándido lector o lectora, que siempre los hay.

Pues con esta zarabanda de corazones entrelazados que inunda estos días nuestro entorno, llegan también las veleidades románticas a los menús de los restaurantes y de los hoteles con encanto. No hay  establecimiento hostelero que se precie que no ofrezca estos días un menú afrodisiaco (o afrodisíaco, que la RAE deja decirlo de las dos maneras) a sus clientes más crédulos.

Yo no creo para nada en el efecto adrodisiaco de los alimentos. ¡De ninguno! Bueno, a lo mejor una cremita o una mousse de Viagra, sí es afrodisiaca, pero eso ya no es cocina, sino otro cantar. Y no seré yo, de todas formas, la que experimente con recetas en este sentido.

creo que todos los platos pueden despertar apetitos sexuales si se comparten con cariño, ilusión y un poco de puesta en escena agradable, con la persona amada.

Lo mismo da si se trata de ostras, con champagne, conejo al chocolate, o bombones de foie con reducción de Pedro Ximenez, o unas simples judías con chorizo o un cochinillo al horno. Si el ambiente en la pareja es bueno, es de complicidad alrededor de la comida y la bebida, el éxito de la velada garantizado. Con o sin vuelta posterior vuelta al ruedo.

He empezado diciendo que no creo que haya alimentos afrodisiacos. Voy a cambiar de discurso de cabo a rabo: TODOS los alimentos son afrodisiacos si se preparan con cariño compartido desde la elección del menú, la elaboración y la puesta en la mesa. El deseo está en la mente y en la actitud de cada uno. Si no, no hay afrodisiaquez que valga.

De todas formas, como viene al caso, y las fresas y el chocolate han pasado siempre por ser alimentos que despertaban la libido, podemos aprovechar para hacer un postre de fresones con chocolate el que ya haya fresones buenísimos en todas las fruterías. Es un final de comida muy rico y no tiene que restringirse a una cena romántica. Este postre encaja estupendamente  como final de una cena de amigos o de una comida familiar.

Basta con poner en una fuente los fresones enteros lavados y saneados y servirlos con una jarrita o un bol de chocolate fundido. Cada comensal irá echando chocolate sobre sus fresas o mojádolas en el bol.

Mi amigo Álvaro me ha explicado cómo funde él el chocolate: pone en un cazo agua y azúcar para hacer un almíbar a punto de hebra. Cuando está, separando el cazo del fuego, se introduce en el almíbar el chocolate, que se irá derritiendo poco a poco. Riquísimo.

Bueno, pues a ver si ligamos todos con este postre, aunque con buena voluntad y ganas, cualquier plato es adecuado para tal efecto. El poder de la seducción está en la cabeza, si bien a veces se llegue al corazón por el estómago.

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