El Portal del Somontano una reconfortante parada a los pies del Pirineo Aragonés

Habitas

Hemos estado en el Valle de Benasque estos días. Se trataba de ir a esquiar a Cerler, y nieve sí que había, sí. No pudimos esquiar casi nada porque no hacía más que nevar y nevar y no se veía un pimiento. Qué suerte van a tener los que vayan en las próximas semanas con tanta nieve como hay y con el tiempo que esperemos que vaya mejorando.

Hemos parado en algún sitio culinariamente interesante -que ya iré comentando-, aunque en las estaciones de esquí en España lo de la comida, en general, no sea para tirar cohetes.

A mí, que lo del esquí cada vez se me da peor, me sigue encantando ir a esquiar a los Alpes, además de por la categoría de sus pistas y la belleza de sus paisajes, en los Alpes, ya sean suizos, italianos, austriacos o franceses, se puede dar uno verdaderos homenajes de alta montaña. No sólo porque en las estaciones de esquí alpinas existan prestigiosos restaurantes, que los hay, aunque comer bien gastándose un riñón no tien mucho mérito. También es verdad que en cualquier chiringuito a pie de pista puedes encontrar un nivel de calidad de comida muy superior al que se nos ofrece, en general, en la madre patria.

Bueno, ya dejo de criticar que, aunque nos empeñemos, España no es un país de buenas condiciones orográficas y meterológicas para la práctica del esquí y a partir de esta afirmación, tampoco se le pueden pedir peras al olmo.

Pues volvíamos nosotros del Pirineo Aragonés -qué majos son los maños!- un poco compungidos por el escaso éxito de nuestra escapada en tiempo y “manduca”, cuando se nos ocurrió parar a la altura de Barbastro a comer algo ligero para continuar el viaje. Qué buena idea. Paramos, como tantas otras veces, en la venta El Portal del Somontano.

El Portal del Somontano (Ctra. de Tarragona a San Sebastián Km. 163 Barbastro) te lo encuentras a pie de carretera general, yendo de Madrid a Cerler, a la altura de Barbastro.

Es un restaurante que alberga también en su entorno una curiosa tienda de antigüedades y  de productos delicatessen de la zona. El local, amplio y muy bien decorado, cuenta además con una bodega magníficamente surtida de buenos caldos del Somontano (por algo Barbastro es la capital de los vinos con DO Somontano).

Como se trataba de matar un poco el hambre para poder continuar viaje, no tomamos más que unas habitas con jamón  y huevo frito  y mientras llegaban picoteamos unas croquetas. Tanto las habas como las croquetas estaban estupendas. Caseras de verdad, recién hechas y en su punto de sabor y de temperatura.

Con el café nos tomamos un puding de cuajada que estaba bastante bueno, aunque a mí me gusta más el mío porque es más denso pero debo reconocer que para seguir ruta es más adecuado tomar algo más ligerito.

Teníamos que continuar el viaje hacia Madrid y no pudimos entretenernos ni en prolongar la sobremesa ni en elegir más platos de entre todas las ricas especialidades aragonesas que ofrecía la carta (chuletitas de cordero, ternasco al horno, longanizas, morcillas y mucha verdura de la huerta aragonesa: borrajas, tomates, calabacines, cebolletas y puerros.. Me quedé con ganas de probar las borrajas con patata que ofrecían como parte de menú del día. Es una lata lo de comer en ruta.

Tenemos pendiente hacer una escapada a Barbastro pero a pasar noche para poder disfrutar viendo todas las cosas interesantes que hay en esa ciudad tan cargada de historia  y en sus alrededores (Alquézar, Sierra de Guara, Monasterio de El Pueyo, Mallos de Riglos…).

No sé si con un par de días nos va a dar tiempo con todo lo que hay que ver y todo lo rico por comer.

 

croquetas

 

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