Pastel ruso de Huesca

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La semana pasada, cuando estuve por Los Pirineos no pude resistirme a traer un surtidito de delicatessen de la tierra. Lo de delicatessen es una palabra que no me gusta nada. Se ha abusado mucho del término y ahora todo es “delicatessen” sin importar lo basto y poco exclusivo que sea el producto que se vende. Si es de comer y en la tienda hay un potpourri de comistrajos varios, enseguida se pone el rótulo de “delicatessen” al local. Habrá que vivir con ello, tampoco tiene tanta importancia.

Ya en el viaje de vuelta estaba yo un poco mustia porque no había podido cargar viandas de la zona para llevar a casa. De los viajes ya no se  traen sovenirs de regalo a familia y amigos. Ahora, para alivio de estetas, lo que se lleva es regalar a a la vuelta de un viaje productos de comer típicos de la zona. Si vuelves de Italia ni se te ocurra traer a tus amigas una figurita de una góndola de Venecia o a tu abuela un rosario del Vaticano. Si traes un buen trozo del mejor  Parmesano a tus amigas o una botella de grappa a la nonna, verás qué contentas se ponen todas.

Pues yo, que soy toda tendencia, al volver de viaje me empeñaba en entrar en una carnicería de Graus para comprar unas longanizas que nos habían dicho que allí las hacían muy buenas. La dueña del establecimiento, que tenía un poco de todo, vio el cielo abierto. Aclaración:Vio el cielo abierto la dueña, el que tenía un poco de todo era el establecimiento. Es que con lo de escribir pasa como con las recetas de cocina: que no siempre salen tan bien como uno quiere.

Salí de la carnicería con las consabidas longanizas, aunque no sabía yo que las hubiera de tantos tipos(curadas, frescas, para freir, para asar, para comer crudas, cortitas tipo fuet, secallonas…) Al final no sabía qué escoger y me llevé unas longanizas secas que están buenísimas. También piqué con un queso de leche de oveja que hacía un hermano de la señora, unas magdalenas que hacía una vecina, un tarro de mermelada de ciruela que no sé quién hacía… Vamos, que todo el pueblo de Graus se dedicaba a preparar cosas de comer y me las encasquetaban todas a mí. Es que para las cosas de comer soy facilona.

Cuando ya me iba porque estaba viendo que me dejaba la hijuela en esa tienda y porque a Jose se le empezaba a poner una cara muy muy larga, me acordé de lo que me gusta el pastel ruso de Huesca y le pregunté a la señora si tenían. ¡Por supuesto! -she said-, y me sacó una caja con un pedazo de pastel ruso que no me pude resistir a comprar.

Proseguimos viaje  con el maletero bien surtido de víveres de la comarca que iremos repartiendo entre familiares y amigos, dejando a la dueña de carnicería encantada de la vida. ¡Todos contentos!

El pastel ruso de Huesca es un dulce riquísimo hecho de merengue almendrado con un relleno de praliné de mantequilla y avellanas. Yo lo traigo de cuando en cuando -es una bomba para el colesterol- pero me gusta porque congela estupendamente y puede durar mucho en el congelador. Basta con sacarlo poco antes de irlo a utilizar, separar las porciones individuales que hagan falta y volver a guardar el resto para otra ocasión. Se toma en plan semiffreddo  -o sea, a mediodescongelar- y tarda pocos minutos en llegar a ese estado. El pastel ruso en el congelador te saca de apuros a la hora de organizar una comida sobre la marcha. En un momento dispondrás de un postre de lujo si recurrir al consabido helado.

Aunque hay mucha leyenda en torno a la receta del pastel ruso de Huesca, lo cierto es que la receta del pastel ruso de la Pastelería Ascaso -la marca más famosa de este pastel- procede de la ciudad francesa de Oloron Saint Marie, al otro lado de los Pirineos. La familia Ascaso viajaba a menudo a Oloron para tomar un delicioso pastel ruso en la confitería de la Viuda de Artigarrede y fue esta confitería la que cedió en los años cincuenta del pasado siglo los derechos para fabricar el dulce a los Ascaso.

Hay también quien dice, y será verdad, que un praliné de almendra y avellana fue ofrecida en 1855 por la Emperatriz Eugenia de Montijo al Zar Nicolás II en una recepción en París con  motivo de la Exposición Universal. Gustó entroncen tanto este dulce que comenzó a popularizarse bajo el nombre de Pastel Imperial Ruso y como tal se vende hoy en día en algunas buenas pastelerías. En Madrid los rusos de Niza eran espectaculares. Lástima que esa preciosa pastelería de la calle Fernando VI  hace años que cerrara sus puertas.

De todas formas, la receta, aunque laboriosa, puede hacerse en casa, pero teniendo el pastel ruso de Ascaso, yo ni me molesto: total, me va a salir peor…

1 comentario sobre: “Pastel ruso de Huesca”

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