Restaurante Qube. Pinchos y raciones en el Barrio de Salamanca

Qubes

 

 

El domingo estuvimos de picoteo por el Barrio de Salamanca. Como andaba yo un poco descolocada sobre las últimas adquisiciones del barrio en ese sentido, pregunté a mi amiga Salomé, vecina de la zona y con gustos culinarios muy parecidos a los míos. Enseguida me hizo llegar por sms una lista con sus recomendaciones para hacer un buen tapeo sin movernos mucho de las dos o tres manzanas próximas a la confluencia de las calles Velázquez y Príncipe de Vergara.

Empezamos por probar el Restaurante Qube (Juan Bravo, 29). Ya me habían hablado de este sitio como un lugar con cocina non stop en el que puedes tomar, a cualquier hora del día, algo de comer, en raciones abundantes, cocinado con mimo y a muy buen precio.

Aunque nuestra opción no era la de comer en el sitio, sino tomar algo de picar para luego seguir ruta, entramos en el restaurante, nos instalamos en la barra y a puntito estuvimos de quedarnos allí a comer por la buena pinta que tenían las opciones de platos que ofrecía la carta.

Firme a mi resolución de que la parada en Qube fuera para tomar unas raciones o unos pinchos, pedimos, siguiendo la recomendación de la camarera, un pincho de alcachofas y foie que, servido con cebolla caramelizada, sobre una tostada de pan normal. estaba de aullido.

Seguimos probando otro pincho de aguacates con langostinos, una miniración de mousaka, otra media ración de pollo alcurry con arroz basmati y unos pinchitos de una tortilla de patatas buenísima. A lo tonto, de  cosita en cosita, no lo hicimos nada mal.

La carta de vinos era  muy completa pero, por aquello de que teníamos que volver a coger el coche, optamos por ahogar nuestras penas en cerveza.

En Qube las raciones son muy copiosas -XXL, dicen- pero con la opción existente de pedir medias raciones o formato pincho de muchos platos, se pueden probar cantidad de cosas , todas estupendas. Además, los precios, de lo más contenidos.

Un único defectillo: las cosas no salían de cocina con el suficiente ritmo. Sería una cuestión de turnos o algún problema puntual pero para un negocio de este tipo, eché de menos un poco más de rapidez. Eso sí, todo recién hecho y buenísimo.

Me quedé con ganas de probar una hamburguesa, con patas caseras, bacon, queso y ensalada, que se estaban empujando unos amigos que nos encontramos allí comiendo. Para otro día poque me chivaron que estaba imponente y me ha gustado mucho Qube. Hay que volver.

 

Al salir de allí sólo pudimos rematar la comida tomando unas habitas con jamón en el siempre impecable Milford (JuanBravo,7). Y a casita a dormir la siesta dominguera.

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