Restaurante Pombo 18

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Hace unos días estuvimos cenando en Pombo 18 (Manuel Pombo Angulo, 18. Entre La Moraleja y El Encinar). Lo primero que te llama la atención al entrar en este restaurante es la organización del espacio. El diseño arquitectónico de Pombo 18 es una pasada. No en vano el completo del restaurante está recién salidito del horno del estudio de arquitectura A-cero, donde Joaquín Torres y su equipo han hecho un magnífico trabajo arquitectónico y decorativo. La verdad es que el enfant terrible de la arquitectura española lo ha bordado.

El local de Pombo 18 alberga diversos espacios con utilidades distintas: zona de copas, varias terrazas, comedor principal y un imponente comedor privado en el primer piso, al que se puede acceder con discreción  por un también discreto ascensor interno. Si seré paleta, que esto yo sólo lo había visto en las películas.

Todos los espacios se encuentran dispuestos de modo que desde ellos el cliente pueda disfrutar de las espectaculares vistas sobre el skyline de Madrid de las que goza el restaurante.

La decoración, como pasa en todos los productos de la factoría A-cero, está cuidada en sus menores detalles y, por supuesto, acompaña al diseño arquitectónico: tonos serenos y líneas sencillas y elegantes en muebles y complementos.

Como esto no es una crónica de Nuevo Estilo, sino un blog culinario en toda regla, voy a centrarme en lo que comimos y bebimos que fue mucho y bueno.

Pombo 18 lleva algo más de un año abierto al público aunque cuenta con la dilatada experiencia del grupo catalán de restauración Andilana. De sus fogones se ocupa el Chef Jorge Arriba, profesional con más de veinte años de experiencia entre otros sitios en el Grupo Araceli y en restaurante del Hotel Wellington.

La filosofía de este restaurante es ofrecer al cliente unas recetas con el punto justo de sofisticación, basadas en la sencillez y en la excelencia de los productos utilizados. Las raciones son abundantes -un acierto de la carta es que se ofrece la opción de pedir medias raciones de casi todos los platos, con lo que la posibilidad de probar más cosas, aumenta considerablemente.

La bodega, como corresponde a un restaurante de un gran grupo, es bastante buena en cuanto a la amplia oferta de vinos y a la relación calidad precio de los mismos.

Vamos ya con la cena, que me estoy yendo por las ramas

Nosotros pedimos para compartir una terrina de foie, servido con una mermelada de frutos rojos, unas croquetas muy conseguidas, una cecina de una calidad excelente, unos espárragos blancos a la brasa y unas habitas. Todo estaba muy rico.

En los postres prefiero no abundar porque probamos una tarta de zanahoria, correcta pero no para tirar cohetes y un arroz con leche, que, para mi gusto dejaba mucho que desear. Claro, que al demonio se le ocurre pedir arroz von leche con el listón tan alto que tengo del que se hacía en mi casa.

Se me olvidaba comentar  los segundos platos. Todos tomamos carne aunque en plan más o menos exótico: Unos, un steak tartar muy bien hecho y otros, un solomillo de canguro en reducción de oporto, que no  estaba mal, aunque como no había probado nunca el canguro -ni creo que lo haga más a no ser que me traslade a Australia-, no tengo referencias.

 

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En cuanto a los precios, en Pombo 18, sin ser exorbitados, tampoco es que lo regalen. En resumen:. Yo creo que es un sitio en el que vale más el envoltorio que lo envuelto. Que si surge la ocasión,por supuesto, no hay que dejar de ir -es un sitio de moda-, pero que tampoco es que haya que forzarla demasiado.

Por cierto, al servicio, por lo menos el día en que fuimos,  le faltaba un poquitito de saber estar. ¡Y para que lo diga yo, que me suelo armar de paciencia con los errores ajenos!…

 

 

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