Fresas de la finca de Monjarama

 

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Parece que por fin se empieza a introducir en España lo que se conoce como agricultura de proximidad.  Es una forma de entender el negocio hortofrutícola de modo que los producto se ofrezcan directamente al consumidor, en lugares cercanos a los centros de producción. Esta forma de comercialización queda bastante limitada espacial y temporalmente, debido que las  frutas y verduras que así se venden son únicamente las de la temporada. Por contra, el sabor y la frescura de estos productos, no tiene nada que ver con los que nos solemos encontrar en las estanterías de los supermercados donde habitualmente hacemos la compra los urbanitas.

Siempre me ha parecido un puntazo cuando viajo en coche y veo a  por las carreteras inglesas, francesas o alemanas, a pie de ruta, puestecillos de agricultores locales, ofreciendo espárragos, fresas, ciruelas o calabacines, según la época del año en que nos encontráramos y las condiciones de sol y lluvia, que son los elementos que, al fin y al cabo, marcan impepinablemente las cosechas. Suele tratarse de frutas y verduras de aspecto no muy apetecible, pero de sabor inigualable.

En España, quizás porque todavía arrastremos algún complejo proveniente de nuestro siglo de oro y nos parezca poco elegante que un pequeño productor o incluso un cultivador de jardín, exhiba su mercancía a pie de calle con intención de venderla, no se prodiga mucho la venta directa de frutas y verduras. Sin embargo este tipo de intercambios tiene muchas ventajas para el productor, pero sobre todo para el cliente final, que que puede acceder, siempre que tenga la suerte de encontrarse cerca del lugar de producción, a fruta o verdura de temporada, a precios muchos más económicos -ahorramos en trasporte y energía- y de sabor inmejorable.

Muy cerquita de Madrid, en San Sebastián de los Reyes, a unos 19 kilómetros de la capital,  se encuentra la Finca Monjarama. En esta finca, de cultivo ecológico, se producen unas fresas de la variedad Mara de Bois, que son una verdadera delicia. La finca produce otras maravillas como grosellas, frambuesas, moras,calabacines, tomates y cebollino. Todo ello puede ser comprado directamente al productor o -y esto me parece muy divertido, sobre todo si se va con niños- puede ser recogido directamente por el cliente, al que se le proporciona una cestita para que recoja el producto, que es pesado al finalizar la recolección, y es ofrecido a un precio mucho más ventajoso.

El otro día nos acercamos por la Finca Monjarama y volvimos con una caja de preciosas fresas que estaban tan buenas que nos va a resultar complicado que nos vuelvan a gustar las fresas de frutería.

La única pega que tiene este método es que la fruta es perecedera y que toca atiborrarse el día que hay recolección. Ningún problema. toda la familia nos pusimos a ello y en un par de días acabamos con el botín, sin que llegaran ni a empezar a estropearse.

Hay que estar atento para hacer una llamadita a Monjarama de vez en cuando y asomarse por allí cuando el resto de productos que cultivan estén ya listos para ser recogidos.

 

 

 

e la finca de cultivo ecológico

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