Restaurante El Mirador en Atienza

Hace ya unas semanas fuimos con los amigos de Luarca por la zona de Sigüenza. Estuvimos exactamente el fin de semana del Domingo de Pentecostés, y lo sé a ciencia cierta poque en la bella ciudad de Atienza pudimos disfrutar de una de las romerías a caballo más antiguas, vistosas y con mayor contenido histórico de la Península. Me estoy refiriendo a la Caballada de Atienza, fiesta en la que se conmemora que allá por el año 1162, los arrieros de Atienza ayudaron a escapar al rey Alfonso VIII, todavía niño, al que le tenían cautivo los seguidores de su tío Fernando II de León, que  pretendía arrebatarle el trono.

La bonita Caballada, que tuvimos el placer de contemplar en Atienza, está declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional y tiene todos los componentes para merecer por sí sóla un viaje a esta ciudad alcarreña en el día de su celebración.

Otro motivo más que justificado para visitar Atienza, y para eso no tiene por qué ser Domingo de Pentecostés, es darse un homenaje en el Restaurante El Mirador (Barruelo, s/n, Atienza).

Mira que en ese viaje realizamos ricas comidas, cenas, tapeos y aperitivos, pero la comida en El Mirador de Atienza, mereció la máxima puntuación.

Un detalle que me llamó positivamente la atención de este restaurante es que, pese a que éramos ciento y la madre para comer  y, todo hay que decirlo, a veces todos nos ponemos un poco chinches con nuestras peticiones cuando formamos un grupo grande, en El Mirador nos atendieron con una amabilidad y una rapidez digna de mejor causa. Además, por supuesto, de que la comida estaba muy buena y disfrutamos de una cocina regional pero refinada, original y sabrosísima.

 

 

 

Nos pusieron como entradas, además de unos embutidos caseros de mucha calidad, unas alcachofas de temporada, tiernas y  sabrosas, acompañadas por un par de salsas también muy logradas, un paté de perdiz espectacular y un pastel de berenjena también estupendo. Además, se agradece que en los sitios donde haya verduras de la tierra, las hagan formar parte del menú, que es la única forma en que los de la ciudad podemos acceder a verduras “de verdad”. Y se nota la diferencia.

 

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A las entradas siguieron unos centros de cordero lechal y un tournedo de ternera. Los dos platos estupendamente cocinados , con sus salsas, sus patatatas , servidos en su punto de temperatura, cosa difícil cuando se cocina para tanta gente. La materia prima, inmejorable.

 

 

 

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Ya estábamos acabando las carnes cuando Carmelo Fuentes, el dueño del restaurante, tuvo la delicadeza de presentarse y, después de darnos la bienvenida a su casa, nos explicó de una forma amena e interesante en lo que consistían los diferentes hitos que iban a marcar la famosa Caballada y, por tanto, las Fiestas de Atienza. Me pareció  todo  un detalle de este restaurador de Atienza que demostró  el señorío de las gentes del lugar, no sólamente dándonos de comer de lujo.

Los postres fueron también la pera. Como dijo mi amiga Isabel cuando le pregunté al respecto, un par de días después: “no me acuerdo muy bien qué tomamos de postre,  pero me lo volvería a comer todo ahora mismo”.

Yo sí me acuerdo de lo que eran los postres y también me lo volvería a comer todo: una tarta de frambuesa y chocolate que quitaba el sentido y unas fresas en carpaccio.

 

 

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Además, el precio muy, muy razonable.

Si tenéis previsto pasar por Atienza próximamente, no echéis en olvido reservar en El Mirador para comer.

 

 

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