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Cover: El festín de Raquel

21mar 12

El dulce aroma de las fresas

Teníamos 10, puede que 11 años, a lo sumo. Mi hermana y yo llegábamos por el camino enfangado a casa de mi tía, en un pequeño pueblecito al norte de Lugo. Fermín, mi primo, nos recibía en su cabaña encima del árbol, unos días, y otros salía del establo, donde había estado ordeñando las vacas o dándoles de comer. Le preguntábamos si podíamos comernos las fresas. En realidad, ya sabíamos cuál era su respuesta: que no le gustaban las fresas y que nos las comiésemos todas si queríamos. No le gustaban las fresas! Si su dulce aroma atrae a cualquiera, si su color rojo intenso resulta tan apetecible… Entonces, mi hermana y yo nos sentábamos en un extremo del huerto y empezaba el festín. Comíamos una fresa tras otra hasta acabar con todas las que estaban ya maduras. No recuerdo haber probado nunca unas fresas tan sabrosas y tan jugosas como aquellas.

Hoy las fresas siguen siendo una de mis frutas favoritas, solo que han perdido parte del misterio que las rodeaba entonces: ahora sé, por ejemplo que son una fruta poco calórica – eso les ha hecho ganar muchos puntos, sobre todo ahora que casi todo el mundo parece seguir alguna dieta para adelgazar– y muy rica en vitamina C y también en hierro. Como resulta que la vitamina C ayuda a la absorción de este mineral, la combinación resulta muy adecuada, por ejemplo, para personas con anemia.

Ya se consumían en la Antigua Grecia y, siglos más tarde, en la Edad Media se le atribuyeron poderes curativos. Otra curiosidad sobre las fresas y fresones es que aseguran que en todo el mundo existen más de 1.000 variedades, debido a los numerosos cruces entre unas especies y otras.

Lo mejor es tomarlas al natural como postre o en ensaladas (esta es la receta que os propongo hoy). También se puede preparar una rica mermelada de fresa para así poder disfrutar de esta fruta todo el año, ya que su temporada dura solo unos meses (de marzo a julio, aproximadamente). De momento, os dejo esta original y deliciosa ensalada. En próximos post publicaré la receta de la mermelada.

ENSALADA DE ESPINACAS* CON FRESAS

Para 4 personas:

  • 400 g de hojas de espinacas tiernas
  • 200 g de fresas
  • Un puñadito de piñones
  • Unos 200 g de requesón
  • Aceite de oliva virgen
  • vinagre de Módena
  • 1 cucharadita de miel

Lavar las fresas, retirarles el pedúnculo y cortarlas en láminas. A continuación, lavar bien las hojas de espinaca para que no queden restos de tierra, escurrirlas y secarlas. Ponerlas en boles individuales y distribuir por encima las fresas. Repartir también el requesón troceado por encima. Mezclar un par de cucharadas de aceite, una cucharadita de vinagre de Módena y la miel; batir hasta que emulsione. Aliñar las espinacas y las fresas con esta vinagreta. Decorar con un puñadito de piñones al natural (sin tostar) y servir enseguida.

* Se acaba la temporada de las mejores espinacas, las de invierno, ya que se trata de una planta que no “soporta” bien el calor.

Buen provecho desde mi blog!

9 comentarios

  1. EL DULCE AROMA DE LAS FRESAS…EL DULCE AROMA DE ESTE BLOG…ME GUSTAN AMBOS !!!

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  2. Me siento aludida!! Espero la receta de la mermelada, ya sabes que a mi me va más lo dulce!

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    Mónica Puente Carballo
  3. que suerte que Fermin os las dejase comer todas!!! yo tambien tengo algun recuerdo de ir a “robar” fresas de pequeña…aventurillas de niños, el año pasado tuvimos fresas, mmmm nada que ver con las compradas, este año plantaremos más, y me anoto la receta para probarlas en ensalada!!!

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  4. […] en grandes cantidades en las fruterías, qué mejor que utilizarlas para hacer un batido tan natural y nutritivo como […]

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  5. […] lo facilito que es de elaborar, en cuatro pasos estaremos disfrutando de un delicioso y saludable postre, que estoy segura va a gustar a todos, tanto a grandes como a pequeños, ¡venga […]

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  6. […] La primavera me parece una estación impredecible –ahora llueve, ahora sale sol y luego de pronto el cielo aparece de nuevo repleto de nubes–. No me atrevo a decir si eso es una virtud o un defecto, pero a mí me gustan muchas de las cosas que trae con ella: más horas de sol y de luz, temperaturas más agradables y, sobre todo, más variedad en la mesa. La despensa empieza a cambiar de color al mismo ritmo que el paisaje exterior: el verde de los campos se traslada a la cocina con los deliciosos espárragos trigueros y las espinacas de primavera, tan tiernas que no necesitan cocinarse. El sol nos trae dulces y aromáticos fresones, albaricoques y, como no, los primeros nísperos. Y así la sopa bien calentita y monocolor deja paso a una colorida ensalada con espinacas frescas y fresones, por ejemplo, como la que os proponía en el post El dulce aroma de las fresas. […]

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